Iansa

29 Julio 2018   818   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

Más de 4.000 hogares quedan en la indefensión y sin salario familiar, con la decisión de cierre por parte del directorio de la empresa Iansa en Linares. Iansa es formada por Corfo en 1953 como Compañía Industria Azucarera Nacional S.A., en Los Ángeles. En 1959, es la puesta en marcha de la planta azucarera en Linares. Seguirá su crecimiento, con plantas en Chillán (1967), La Unión (1970), Curicó (1974). Hasta que en 1988 “culmina su privatización”.
De ahí para adelante, Iansa produce jugo concentrado de frutas, y por “alianzas estratégicas” a compañías internacionales, comercializa insumos agrícolas, fertilizantes, mezclas, semillas y agroquímicos, para el cultivo de la remolacha. Todo ello, hasta, lograr “el mayor rendimiento a nivel mundial en remolacha azucarera en la historia de Iansa”. En la “visión”, la empresa se define ahora de alimentos humano y animal, y aspira a ser “líder –dice su declaración- en la comercialización de la dulzura en Chile”
Pero la noticia en Linares y la Región del Maule, es un trago amargo. Nada dulce. Porque Iansa representaba un modo social de concebir la empresa, en la que los pequeños productores agrícolas tienen activa participación. No había entonces esta habladuría de “responsabilidad social”, porque, de hecho, existía la calidad laboral, la participación en los procesos productivos, posibilidades habitacionales de los trabajadores, recreación, etc. Son miles las generaciones y hogares que se han desarrollado bajo estas formas de trabajo.
Iansa fue un paso adelante en la industrialización y progreso local. La significación para el trabajo en la región, como para la cultura, está muy bien retratada en obras inigualables de Pedro Olmos, entre ellas, “El ballet de la remolacha”. Es que la empresa no solo velaba por la sustentabilidad financiara del propio negocio, sino por hacer partícipes al mayor número de operarios, técnicos y profesionales en el desarrollo íntegro del país.
Pero otros son los tiempos que vivimos. Este lamentable hecho al que asistimos impotentes, traerá graves consecuencias. Porque las decisiones están en manos de negocios privados. El mismo gobierno ha sido ineficaz ante una situación así… El mercado sigue el curso frío e invariable de sus leyes… El trabajo productivo del país no puede dejar de tener en vista el bien común.
Chile ha visto hace años el deterioro progresivo de su industria nacional y con ello, el valor del trabajo humano mercantilizado. Totalmente volcado al comercio mundial, la producción de la riqueza se concentra cada vez más en manos en pocos grupos de poder que obedecen a intereses supranacionales.
¿De qué vivirán las familias que ahora quedan en la calle?