Incompatibilidad: ciencia y religión

18 Abril 2018   1362   Opinión   Jorge Navarrete Bustamante
Columnista Diario El Centro Jorge Navarrete Bustamante
Jorge Navarrete Bustamante

Académico U. de Talca

“En el universo primitivo está la respuesta a la pregunta fundamental sobre el origen de todo lo que vemos hoy, incluida la vida”. Stephen Hawking.
Ésta afirmación, fruto de verificadas investigaciones no muy distintas a las comprobadas por Copérnico, Galileo, Lavoisier, Darwin, Venter, Higgs, Kajita o el Observatorio LINO, entre tantos otros, confirma que ciencia y religión, en lo referente a la búsqueda de la verdad, son intrínsecamente incompatibles.
Por cierto ambas coexistirán en la sociedad por mucho tiempo más pues el constructo social de la religión impuesta a “sangre y fuego”, primero; y el control de la educación y de los sumisos medios de comunicación después, las hace aún perdurables, aunque incrementalmente poco fiables.
Ello incomodó a religiosos como Juan Pablo II, exigiéndole a Stephen Hawking en una conferencia sobre Cosmología realizada en el Vaticano, lo siguiente:
“Está bien estudiar el Universo y dónde se originó. Pero no se debería profundizar en el origen en sí mismo, puesto que se trata del momento de la Creación y de la intervención de Dios”.
Elocuentemente, ello no tuvo efecto en los científicos laicos mundiales. El mismo Hawking interpela hasta filosóficamente en el Vaticano con la siguiente sentencia:
“Aristóteles, el más famoso de los filósofos griegos, creía que el universo ha existido siempre. De hecho, lo que es eterno es más perfecto que lo que ha sido creado”. A la Verdad Buscada nada ha aportado la religión. La aliada de la Verdad Buscada es la ciencia pues los descubrimientos y nuevos conocimientos debe ser verificables, constatables, reales.
Así, la ciencia ha desplomado incrementalmente las “verdades reveladas” impuestas por las religiones a generaciones de seres humanos, compeliendo además a éstos para que no requieran pruebas, que no las cuestionen, que sólo crean pues: “El que cree se salva”.
Las iglesias insisten que sus religiones son complementarias con la ciencia pues aportan Ética. Esto sería posible –que no lo es- sólo si la ética que propalan dependiera de la veracidad de sus doctrinas fácticas. La respuesta es entonces, obvia.
Hoy, en pleno siglo XXI, se anidado aceradamente la cosmovisión laica en más de 1200 millones de seres humanos del mundo, los cuales se declaran librepensadores o no creyentes. Ergo, cada vez más personas toman sus decisiones sustentados en su conciencia, ya no en la “revelación”, dogmas o directrices religiosas.
Existe otra incompatibilidad entre ciencia y religión: los métodos que deben utilizar los seres humanos para llegar a un conocimiento fiable.
Efectivamente, las ciencias utilizan las observaciones, inclusive empiezan a veces con una intuición para luego desarrollar experimentos y la reflexión racional sobre datos empíricos, generando conocimientos extraordinarios confirmados por millones de indagaciones y millares de experimentos. Las religiones, en cambio, sostienen que existen otros métodos “fiables”: la revelación o la interpretación de los textos sagrados.
Indudablemente, son incompatibles la ciencia y religión.