Infraestructura vial

04 Abril 2018   1307   Opinión   Jorge Brito Obreque
Columnista Diario El Centro Jorge Brito Obreque
Jorge Brito Obreque

Junta de Adelanto del Maule

Al culminar esta semana santa, fuimos testigos del colapso de la ruta 68. El subsecretario de Obras Públicas, Lucas Palacios, lo calificó como “colapso histórico”. La vía recibió más de 4.400 vehículos por hora cuando su capacidad es de 3.400 automóviles.

La misma situación pasó en las rutas 5 Sur y 5 Norte y demás autopistas que convergen a las grandes ciudades. Por ejemplo, para ir de la Región Metropolitana a Talca, un viaje que debe durar 3 horas este fin de semana demoró entre 5 y 6 horas.
En otros países existen normativas sobre el sistema de autopistas concesionadas, donde se levantan las barreras de los peajes cuando sobrepasa el tiempo de espera, de esta forma se ayuda mucho a no llegar al colapso de vehículos en las vías de tránsito más concurridas. Sin embargo, en nuestro país a pesar de lo necesario que son este tipo de medidas, no se llevan a cabo.
¿Qué está pasando con la infraestructura vial? ¿Ha existido una falta de planificación de las autoridades correspondientes, para prever este tipo de situaciones? ¿Se habrá dejado al libre mercado la regulación del sistema?
Llama mucho mi atención y me parece increíble que algunas autoridades dan como alternativa realizar mesas de diálogo para buscar una solución a este tema. A mi parecer es algo ilógico, ya existen organismos gubernamentales que deberían planificar con suficiente anticipación las medidas preventivas para solventar el colapso vial, cuando aumenta el flujo vehicular en las principales carreteras del país.
Todos coincidimos que existe un aumento explosivo del parque automotriz, tendencia que seguirá en ascenso, dando mayor crecimiento a nuestra economía. Sin embargo, esto no tiene concordancia con la infraestructura actual en nuestro país, para poder sustentar este crecimiento vehicular, se deben explorar otros sistemas de transportes eficientes.
Esto me hace recordar cuando Ferrocarriles del Estado era el mayor transporte público y de carga en nuestro país. También seria de mucha utilidad promover el transporte aéreo en ciudades intermedias y, de esta forma, descomprimir el flujo en carreteras, pero cualquier iniciativa es de largo aliento.
Está claro que estamos ante un problema de difícil solución, pero mientras más se demoren en conseguirla, más se agudizará. Las regiones deberían tomar cartas en el asunto y promover desde la mirada local efectivos mecanismos de solución, para que positivamente la infraestructura vial sea un soporte al desarrollo y bienestar de sus habitantes y no una pesadilla.