Jesús continuó su camino. Cuarto domingo del año. Lucas 4, 21-30.

03 Febrero   393   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

“Después que Jesús predicó en la sinagoga de Nazaret, todos daban testimonio a favor de Él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: ‘¿No es este el hijo de José?’. Pero Él les respondió: ‘Sin duda ustedes me citarán el refrán: ‘Médico, sánate a ti mismo’. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaúm’. Después agregó: ‘Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue sanado sino Naamán, el sirio’. Al oír estas palabras todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino”.
Seguramente en todos los lugares del mundo existe un orgullo con los hijos que les va bien y logran posicionarse en un trabajo, o pueden terminar sus estudios con todas las dificultades económicas que ha significado para sus padres. Hay un inmediato reconocimiento y deseo de estar cerca de ellos. Otros, seguramente pensando en que podré obtener un beneficio de este logro. Sin duda es como la representación de los deseos más profundos de todos, querer crecer, llegar a “ser otro”, se decía; y este vecino nuestro lo ha conseguido.
Pero a la hora de empezar a trabajar se dan cuenta que las cosas deben estar a la altura de lo que se ha aprendido y de los tiempos que se viven y no de lo que siempre se ha hecho. Esa persona que ha llegado con su título empieza a ser poco grata y se convierte en el “nuevo rico” del barrio; el que se ha puesto “pesado” o bien se cree más de lo que es.
La comunidad de Jesús luego de asombrarse de este retorno a casa y de la palabra que había pronunciado del libro de Isaías, se escandaliza porque su respuesta ante las peticiones que le hacen no son de tipo populista, no quiere hacer un acto artístico ya que su propuesta tiene que ver con el ser de todo un país, con los sueños y aspiraciones que todos tienen, pero que no siempre se atreven a expresar porque se han acostumbrado a vivir sometidos a un régimen. Y la palabra que Jesús proclama implica un compromiso vital. Trae consigo un movimiento social.
El escándalo surge porque los ejemplos que recuerda Jesús son de extranjeros que han recibido el favor de Dios como Naamán el sirio o la viuda de Sarepta. El signo tiene que ver con que este pueblo que habla de mí no tiene la fe suficiente que sí han tenido los favorecidos por la bondad de Yahvé.
La predicación del Reino de Dios que Jesús propone tiene que ver con salir de uno mismo, con aprender a mirar las realidades que duelen en cada sitio para entonces iniciar la construcción de una sociedad nueva; salir de la comodidad del siempre se ha hecho así. Tener la osadía de caminar contra la corriente, como el mismo Jesús ha debido hacer pasando por el medio de sus paisanos para continuar su misión en otros lugares en los cuales la escucha es más que solo oír, trae consigo el actuar. Sabemos que los grandes promotores de ideales en el mundo han muerto violentamente porque aquellos que escuchan les molesta el cambio, les molesta salir de la comodidad o renunciar a privilegios de siglos, por eso es mejor callar al profeta.