Miércoles, 14 de Noviembre de 2018
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Opinión

Jesús es el pan de vida

P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo». Disputaban los judíos entre sí: «Cómo puede este darnos a comer su carne?». Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Para los judíos, escuchar estas palabras en boca de Jesús era un escándalo muy grande. Nuevamente se quedan en la frase y no en lo que ella significa en lo profundo. Así como en el domingo anterior, donde Jesús les dice que antes de Abraham existía el hijo del Hombre, ellos sacan las cuentas y dicen: “No tienes más de cincuenta años y dices que conociste a Abraham”. En los primeros tiempos de la Iglesia escandalizaban estas palabras de Jesús, que a partir de estos discursos quiere contarles acerca de su vida y su misión, seguramente también hoy día muchos no entienden a qué se refiere.
Podemos comparar con la inmensa multitud de ídolos ya sea artísticos o deportivos que hacen vibrar a las personas y que buscan identificarse con ellos por sus gustos personales o su forma de vivir.
Esos son los fans. Muchos de ellos son capaces de pasar horas sin dormir por comprar una entrada para un concierto o un evento deportivo. Compran todo lo referente a él, se visten como él, etc. Pero hay una diferencia, acá todo lo hace el fan. Su ídolo no está dispuesto a morir por su simpatizante, ni a dedicarle tiempo de su vida, o a darle algo de su riqueza. Acá lo importante es que ellos me den, me alaben, y dependiente de su madurez como persona sabrá asumirlo o, como ha ocurrido en ocasiones, termine víctima de esa misma fama, derrotado por sus caprichos y por sus vicios financiados económica y anímicamente por los que lo admiraban.
En Jesús, en cambio no se espera simpatía de esa forma. No somos fans de Jesús, somos discípulos. Y el discípulo hace todo lo que ve hacer a su maestro. Y aquí es Jesús quien hace todo por sus amigos, porque quiere lo mejor y se los enseña. Jesús se presenta de manera humilde y propone una manera de vivir que será totalmente plena. En libertad, en crecimiento. Porque te asegura el futuro saber que hay alguien que da su vida por ti, que sufre por ti, que te alimenta de manera tal que ya no tienes que preocuparte de esa situación. El Pan de vida es la invitación a que tu pensamiento, tu actuar, tu hablar tenga los mismos componentes que Jesús tiene. Eso significa alimentarse de su cuerpo y de su sangre.
Tomar el pan de vida es saber que su sangre recorre mis venas y su cuerpo me fortalece para que pueda alimentar a otros, para que pueda entregar mis ideales como una propuesta que cambia las violencias, las soberbias, los egoísmos humanos de toda índole. Porque el que se ha alimentado de Jesús, como el Padre Hurtado nos ha dicho, es como quien ha sido mirado por él. Ya no será igual la vida. Con Cristo, todo resulta una invitación a servir, a querer sanar los dolores actuales que hablan de intolerancia, de violencia, de individualismo; todas ellas realidades que no están en el corazón de Jesús que todo lo escucha y lo transforma con su palabra y testimonio.
El pan de vida que pedimos para todos es éste: que en Jesús vivamos, que en Jesús existamos, que en Jesús nos movamos.

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