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Opinión

Jesús es la paz en las tormentas Décimo noveno domingo del año. Mateo 14, 22-33.

P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

El evangelio que reflexionamos en este domingo es el que nos muestra a los discípulos enviados, por Jesús, delante de él hacia la otra orilla del lago mientras se despide de la gente y se va a orar a solas en la montaña. Cuando decide partir lo hace caminando sobre el mar embravecido. Los discípulos al verlo tienen miedo pero comprendiendo que era el Señor, Pedro le pide caminar sobre las aguas para llegar hasta él; lo hace, pero al poco andar le teme a las olas y al viento y se hunde. Debe gritar a Jesús para salvarse, quien le da la mano y lo saca reprochándole su poca fe.

Pareciera que en la vida diaria hay una inmensidad y variedad de mares en los cuales navegamos y cada uno de ellos es más bravo que el otro. Cada uno de ellos nos pide fidelidad y si eso no ocurre lo reclama y nos expulsa o nos trata de poco expertos en el arte de navegar. No estamos bien informados o definitivamente somos ignorantes. Nuestras cartas de navegación son añejas y solo nos conducen a lugares peligrosos o a seguros naufragios.

Pero en estos avatares de la navegación hay algunos que “son expertos” y dominan todos los océanos, son almirantes y contralmirantes. Les dan receta a todos y en cierto modo se hacen los que dictan la palabra última. Imponen su visión y la mayoría que es un poco más sencilla y sin tanto estudio o experiencia terminan creyendo y viviendo como se les dice. Esto para no ser devorados por la tormenta que se forma cuando planteo mi pensamiento.

El evangelio de Jesús en cambio no es una palabra que se impone. Por lo menos no existe en su corazón ni en su mente esa situación. Jesús es, para los discípulos, la paz en la tormenta. Es la fuerza y capacidad para caminar sobre el agua sin temer. Es el descubrimiento de que cada hombre y mujer tienen un valor divino, por eso merecen respeto y cuidado.

El evangelio nos muestra que cuando Jesús está presente las tormentas se calman. Y esto acontece porque es confianza en algo que si bien se empieza a construir aquí, tiene su punto definitivo en la eternidad.

Jesús no padece tormentas en esos momentos porque su paz la encuentra en el Padre, viene de la oración. Seguramente el cansancio, el tedio, el stress del encuentro con tantas personas en ese día, la tormenta personal de tener que acompañar a tantos y entre ellos a los que no confían y le ponen trampas se le hace muy complicado. Pero de ese encuentro personal, revitalizador de la oración, sale fortalecido y descansado. Puede mirar con un amor de pastor para darle respuesta a cada uno y de ese modo se transforma en salvavidas para aquellos que hoy vemos tomándose de él para llegar a la orilla.

Finalmente, hace bien saber cuáles son las tormentas personales. Cuáles son las que nos cuesta enfrentar o sortear en la vida. Es bueno saber si navego solo o acompañado porque de eso muchas veces depende la salvación. Es mejor la vida en comunidad, ir con otros te permite ser contenido, apreciado, corregido.

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