“Jesús llamó a Doce y los envió de dos en dos”. Décimo quinto domingo del año. Marcos 6, 7-13.

15 Julio 2018   1384   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

“Jesús llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni provisiones, ni dinero; que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas. Les dijo: <<Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos>>. Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y sanaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo”.
Nuestra Iglesia Diocesana hace ya veintiséis años, escuchando el llamado del Espíritu Santo, al culminar el SÍNODO, se declaró en Estado de Misión. Eso significó que se formaron muchos hermanos y hermanas para salir a entregar la palabra de Dios en todos los rincones de las ciudades y los campos especialmente a los más alejados. De esa experiencia surgieron agentes pastorales que vinieron a servir en diversas instancias pastorales como la Catequesis Familiar, Ministros Enviados, Formación de Sacramentos Pre-Bautismales y Pre-Matrimoniales; esto debido a que entre los misionados surgían muchos que deseaban comprometerse con Jesús de manera más íntima.
Pero poco a poco, la realidad de la vida en el siglo XXI nos ha ido devolviendo hacia el interior de los templos y, con la excusa que dan los agentes pastorales de que todo es misionero ya no salimos. Le dejamos esta tarea a grupos de jóvenes que en los veranos o inviernos salen a distintas localidades rurales parar construir capillas o sedes y para tener actividades con los niños. Hemos reducido la misión a una simple visita de “entretención veraniega”.
Lo que hoy escuchamos de Jesús es que, de manera total, todos sus discípulos salgan al encuentro de aquellos que esperan el Reino de Dios. Que tengan la caridad pastoral de compartir su situación de dolor y de indigencia y que se pongan a caminar a su lado para sacarlos de esa realidad. Que seamos misioneros que no solo hablan la palabra de Dios, sino que la viven.
Y que sean misioneros comprendiendo la mentalidad de este siglo veintiuno, donde todo es más rápido, donde todo se sabe y donde se exige una coherencia radical. Se nos invita a tener el mismo corazón de Cristo y que con alegría podamos ponernos en el lugar de los que han sufrido mucho más.
Por quedarnos encerrados, nuestro sentir es como de poderoso, de personas que tienen todo. Pero el Evangelio nos enseña que el misionero es también un indigente, es alguien que está disponible para llegar a la casa de cualquiera que lo invite y compartir con él lo que tiene para cenar. No es un personaje que ostenta riqueza, sino alguien que da testimonio de pobreza.
Finalmente, en estos tiempos, un misionero de Jesús se enfrenta con el dedo acusador de los más pobres, de aquellos que fácilmente caen en la trampa de los que, a través de los medios de comunicación, parecen querer que la Iglesia no exista, y se amplifica el pecado cometido. Que es real, por el cual se pide perdón y se toman las medidas para que no vuelvan a ocurrir. Pero surgen hombres y mujeres en todas las capillas que sirven de manera alegre, permanente, esforzada, para dar razón de su fe en Jesucristo que no tiene nada que ver con la imposición de cosas que muchas veces nos dicen los que no creen, o con el olvido de la realidad pensando en el cielo. Un misionero trabaja en el mundo conociéndolo profundamente para responder a sus anhelos de paz, de esperanza, de progreso. Pero mirando hacia arriba, hacia donde está su Señor.
Le pedimos a María del Carmen, que celebramos en estos días que nos dé fortaleza y ánimo para ser misioneros de Jesús en todos los lugares del mundo.