Juvenilización e identidad

15 Febrero   350   Opinión   Víctor Yáñez Pereira
Columnista Diario El Centro Víctor Yáñez Pereira
Víctor Yáñez Pereira

Universidad Autónoma de Chile

El fenómeno de juvenilización y sus influencias en las identidades. Es sello de nuestra época. Define una forma de vivir el aquí y el ahora. La condición de joven, si bien, se identifica como pertenencia a un grupo etario, no impide que sus límites de edad vayan cambiando.


Por un lado, la infancia casi quiere desaparecer, niños y niñas a los 12 o 13 años, no se interesan por muñecas y camiones, sino por tempranas aventuras adolescentes. Mientras que, la primera juventud se prolonga hasta después de los treinta años, donde se sigue añorando las andanzas, la estética y la fortaleza de los 20.


Tal “efecto joven” es a diario ensalzado por medios de comunicación, mercadotecnia, flujos turísticos y migratorios, estrategias publicitarias y redes sociales, como indicador de mayor realización personal.


Una de las causas es la cultura del consumismo, que exige una constante renovación de todo, vestuario, electrodomésticos, vehículos, rostros, etc. Desde fines de siglo pasado, la fuerte tendencia a la globalización conduce hacia una nueva superficialidad, imagen, emocionalidad, placer. En rigor, construye un nuevo hedonismo, que tiende a homogeneizar gustos y arquetipos, cuyas influencias afectan, incluso, relaciones institucionales, formas de organización y división del trabajo. Oímos hablar de una juvenilización burocrática, que afecta incluso al mundo laboral y su reclutamiento, no sólo de jóvenes sino, además, de sujetos juvenilizados, que resultan funcionales.


Hoy, un “te ves muy joven” es signo de garantía y valoración positiva. Antes, nos preguntaban, ¿tan joven y trabajando? Allí las paradojas de los actuales estándares de bienestar económico y mejores condiciones de salud, que expanden las expectativas de vida, como imperativo que llega a la medicina y otras prácticas terapéuticas, incidiendo sobre el cuerpo, pero, también, sobre las expectativas.


Hoy el trabajo definitivo, la casa propia, el matrimonio, en ocasiones, los hijos se interpretan como obstáculos al proyecto personal. En consecuencia, se torna imperioso abrir el debate sobre la “juvenilización” como fenómeno en general.