La carreta delante de los bueyes

05 Septiembre   555   Opinión   Ervin Castillo Arancibia
Columnista Diario El Centro
Ervin Castillo Arancibia

Fundación Talca

Que la discusión parlamentaria ha sido pobre en múltiples materias, por ejemplo, con ocasión al debate por el proyecto que busca la reducción de la jornada laboral, y el poco interés por escuchar a todas las voces con algo que manifestar en esta discusión, son cuestiones que sabemos. Es triste decirlo pero en algunos casos parece no ser novedad, y es que hay quienes o de mala fe, o por impericia política para entender adecuadamente las necesidades urgentes de la ciudadanía, erran el camino poniendo eventuales soluciones de corte populista, o al menos, de manera equívoca sin considerar el objetivo de hacer las cosas paso a paso, asumiendo que para problemas y realidades complejas, es clave caminar con decisiones responsables y que miren honesta y genuinamente, a las diversas fuerzas llamadas a contribuir al momento de las respuestas. La jornada laboral en Chile es extensa y ardua, por momentos poco productiva, o al menos, no del todo provechosa en relación al resultado de largas jornadas laborales día a día. Especialmente, los que nos desempeñamos en labores del sector público, debemos asumir que podemos entregar más, que siempre es posible generar más esfuerzos, no para trabajar más, sino para trabajar mejor. No cabe duda, así las cosas, que el problema de fondo en Chile, no tiene que ver necesariamente con cuantas horas trabajamos al día y a la semana, sino con la calidad de este trabajo, con el ambiente laboral en las propias huestes, con la contribución que individualmente aportamos para el mejoramiento colectivo, con la disposición a la constante y permanente capacitación. Al poco andar, algunos parlamentarios esgrimen como motivo para apoyar la idea de reducir las horas de trabajo, la crisis de salud mental en nuestro país. Por cierto, la epidemia de salud mental en Chile que pocos han querido enfrentar con la debida diligencia, supone un imperativo moral de asumir la magnitud del problema, y por lo mismo, por lo difícil e importante que resulta la temática en cuestión, es que parece inadmisible el colocar la carreta delante de los bueyes, en el sentido de que antes de abordar de manera profunda y de fondo lo relativo al alza exponencial de enfermedades psiquiátricas, se pretenda enfrentar aquello con la mera reducción de las horas de trabajo. Y es que el problema no parte desde allí, no es su punto de inicio, y mucho menos es el aspecto más central. No vemos a los parlamentarios de oposición hablando del rol de la familia, la necesidad de una conversación respecto de cómo construimos una sociedad más humanizada, menos individualista. Inclusive, muchas de las reformas que los trabajadores chilenos efectivamente requerimos, no parten justamente desde el tema de las horas, sino por ejemplo, desde el entendimiento y comprensión de la diversidad del campo laboral, de la búsqueda de nuevos bríos del trabajador chileno que cada vez más opta o bien se ve obligado a cambiar de trabajo, de cómo podemos enrolar la necesidad y oferta laboral con planes estratégicos comunales, provinciales y regionales, que puedan ir hacia el desarrollo productivo nacional, sobre todo en momentos complejos para la economía nacional, en gran parte explicado por los delicada situación internacional. 

Así las cosas, y mientras podríamos desde la política abordar las soluciones con visión de futuro y la responsabilidad que tamaños desafíos requieren, diputados de oposición comienzan por donde tienen que terminar, haciendo las cosas de mala manera, intentando replicar modelos exitosos, pero comenzando desde el final del abecedario. Perderemos así, otra necesaria chance de crecer, y de seguro, las cosas se resolverán desde la revisión y control constitucional de la ley propuesta.
Debate en el que al final del día, perdemos los trabajadores y la sociedad entera. Ojalá haya opciones de revertir esto, y entenderlo a largo plazo, como cabalmente así corresponde. Veamos.