La “chispeza” a prueba

27 Marzo 2018   1037   Opinión   Abraham Santibáñez
Columnista Diario El Centro Abraham Santibáñez
Abraham Santibáñez

Secretario General Instituto de Chile

Hace un tiempo, cuando el término parecía destinado a quedarse (cosa que no ha ocurrido), señalé que Evo Morales tenía “chispeza”. La palabra, inventada por el futbolista Gary Medel, puede entenderse de muchas maneras: viveza, choreza, tener chispa, ser vivo, tener energía y aguante. 

Lo que ha estado pasando en La Haya, confirma la impresión acerca de Morales. Pero, aunque la chispeza tiene un sentido positivo, también puede, paradojalmente, producir malos e indeseados resultados.
Llevar la demanda boliviana ante la Corte Internacional de Justicia fue un gesto audaz. Debido a que no corresponde pedir la revisión del tratado de 1904, Evo Morales o uno de sus asesores ideó el resquicio de pedir que la Corte establezca la obligatoriedad de Chile de negociar, “de buena fe”, la salida al mar. Al mismo tiempo, sin embargo, en un permanente desaire a la Corte, el gobierno boliviano ha seguido usando gruesa artillería verbal contra nuestro país
Aunque ellos no lo ven así, el primer resultado ha sido negativo. Mientras se aguarda el fallo de la Corte, los chilenos están cada vez menos dispuestos a cualquier acercamiento. Lo ocurrido en La Haya solo ha servido para ahondar nuestro sentimiento de rechazo.
Aunque formalmente la demanda boliviana no menciona territorios específicos, la mediática puesta en escena, tanto en Bolivia (la megabandera es solo un ejemplo) como en Holanda (incluyendo el canto a coro del himno del mar), apunta a la revisión del tratado. Parece difícil que la Corte esté de acuerdo, pero, recordando su “creatividad” en el caso de la demanda peruana, no hay nada seguro. Hay que tener en cuenta que el propio presidente boliviano en un gesto inédito, se hizo presente en La Haya. Además, en una intensa ofensiva comunicacional-emocional, ha tuiteado sin descanso.
Yendo más a fondo, hay algo patéticamente infantil en la insistencia en subrayar las instancias históricas en que Chile estuvo dispuesto a conversar. Se ha eludido un punto crucial: la inestabilidad política altiplánica ha llevado al fracaso todos los intentos. Una y otra vez, las distintas autoridades bolivianas han cerrado las puertas al diálogo. Cada vez que llega un nuevo presidente al Palacio Quemado, ensaya una nueva estrategia. El contraste con la actitud chilena, que ha mantenido prácticamente una sola línea a lo largo del tiempo, debería llamar positivamente la atención de los jueces.
¿Fracasó la chispeza? Solo lo sabremos al término del proceso. Pero lo que Morales ha perdido en el terreno jurídico podría ganarlo -o así lo cree- en su empeño por lograr contra viento y marea, una nueva reelección.
Esa, por lo menos, parece ser la única explicación.
La posición chilena es, por el contrario, impecable. El tratado de 1904 no está en cuestión, pero se cumple. Hay disposición a corregir eventuales deficiencias en su implementación. No tiene sentido recordar gestiones fracasadas en la medida que en La Paz los cambios de gobierno y de estrategia se producen con desoladora frecuencia.
Su continuidad en el poder es, tal vez, lo más novedoso que puede ofrecer el presidente Morales. Pero, como dicen los avisos de inversiones financieras respecto de sus resultados, “nada garantiza que se repitan en el futuro”.