La democracia jaqueada

03 Noviembre 2018   1745   Opinión   Rodolfo Schmal S.
Columnista Diario El Centro Rodolfo Schmal S.
Rodolfo Schmal S.

En las recientes elecciones en Brasil, tal como se esperaba -o temía-, Bolsonaro, un excapitán de la reserva del ejército brasileño, emergió como el presidente electo. Una ventaja de 10 puntos da cuenta de su triunfo indiscutible, y de una derrota sin atenuantes para su adversario, Haddad, abanderado del Partido de los Trabajadores (PT).
Cuesta asimilar el viraje que representa este resultado, así como sus fundamentos y vaticinar lo que viene. Respecto de los motivos, los partidarios de Bolsonaro ponen el acento en la inseguridad reinante con motivo de los elevados niveles de corrupción y violencia; sus rivales apuntan a la persecución sufrida por el PT, alentada desde las redes sociales mediante la proliferación de noticias falsas (fake news).
También están quienes afirman que lo que se está dando es la ley del péndulo, esto es, un movimiento de la izquierda hacia la derecha y que no sería exclusivo de Brasil. De ser cierta esta apreciación se podría pensar en un giro desde una izquierda moderada hacia una derecha moderada. Pero si nos atenemos al contenido de la campaña, a las características de Bolsonaro, así como a sus pensamientos, expresiones y conductas, representa a una ultraderecha nacionalista, militarista.
Por lo tanto, el péndulo se habría movido no de un extremo a otro, sino que de una versión moderada a una extremista, porque en ningún caso se podría sostener que tanto Lula como Dilma hayan representado y aplicado políticas de extrema izquierda. Más bien al contrario, procuraron avanzar en sus políticas a punta de acuerdos y negociaciones dentro de un sistema político marcado por el caudillismo y el personalismo. Visto así, el resultado simboliza un fracaso de la política con mayúscula, esto es, entendida como el arte de la negociación para la resolución pacífica, civilizada de los conflictos entre los distintos grupos de interés que conforman una sociedad. Y por lo mismo, un triunfo de las soluciones militares, no negociadas.
De allí que resulta un tanto doloroso, y en cierto modo un contrasentido, que por la vía democrática haya triunfado un candidato cuyo pensamiento se aleja mucho de lo que entendemos por democracia.