La derecha y Bolsonaro

25 Octubre 2018   1619   Opinión   Ervin Castillo A.
Columnista Diario El Centro Ervin Castillo A.
Ervin Castillo A.

Fundación Talca

Para nadie es un misterio que las elecciones en Brasil han pasado a tomarse parte importante del debate público. Las fuertes críticas y cuestionamientos al Diputado Federal Jair Bolsonaro, el candidato que corre con mayor ventaja para segunda vuelta, han pasado a ser pan de cada día, sobre todo si tomamos en cuenta antiguas declaraciones del congresista, en donde irrefutablemente, ha demostrado severos problemas en cuanto a sus credenciales democráticas de fondo, a ciertos valores e ideas, que sencillamente, no parecen compatibles con una democracia a la altura de los desafíos planteados en el siglo XXI. Sin ir más lejos, y desde el sector político con el cual este columnista se identifica, diversas reacciones ha generado el aplastante triunfo en la primera vuelta electoral de Bolsonaro, lo que ha incorporado incluso el viaje de personeros relevantes de Chile Vamos y en general, de liderazgos de derecha.
Pero, ¿qué debe significar para las generaciones actuales y para el chileno de a pie, el intento de acercar posturas o de compartir ideas y visiones de sociedad con el representante de Río de Janeiro en el parlamento brasileño? Desde luego, una cuestión reprochable, y no por el número de votos conseguidos por este, que por cierto, resultan indesmentible desde un punto de vista electoral. Lo reprochable aquí, y sobre todo, lo que nos debe llevar a reflexionar acá, es el conjunto de ideas y valores que mueven a Bolsonaro, y que le han permitido arrasar con las posturas socialistas de Haddad, el candidato de Lula Da Silva. Bolsonaro ha revelado posturas abiertamente discriminatorias, contrarias con principios elementales de una democracia liberal y moderna, que no pueden sino ser reprochados por cualquier persona que se sienta representada en Chile por un proyecto de derecha o de centro derecha. Y cómo no, si pensar como una persona de derecha, supone anteponer en primer lugar a la dignidad intrínseca que emana de cada ser humano por el simple hecho de ser persona, dotándola a ésta de una superioridad en relación al estado. La defensa y promoción de la dignidad significa decir con fuerza lo que se cree, pero garantizando en todo momento el respeto de todas las visiones en una democracia. Ser de derecha significa no mirar con recelo a los particulares para avanzar hacia una cruzada nacionalista, sino más bien valorar el sano equilibrio entre el estado y los privados, en donde principios como la subsidiariedad y la solidaridad pasen a ser los ejes rectores. La lucha por ciertas libertades, por los derechos fundamentales, por el respeto y reposicionamiento de la familia al interior de cada sociedad, el rol clave que juega la educación inicial o el combate contra las drogas y la deserción escolar, son pilares de un proyecto de derecha, que en nada pueden pretender asemejarse con conceptos retrógrados y abiertamente arbitrarios como los que hemos conocido.
Las personas de derecha, y particularmente las nuevas generaciones, aprendiendo y valorando la historia, apoyamos una visión que respete la democracia, y garantice el derecho a que todas las posturas sean expresadas en la jerga pública.