Miércoles, 26 de Septiembre de 2018
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Opinión

La detención por sospecha

Rodolfo Schmal S.

Los delincuentes, tanto los de abajo como los de arriba, pareciera que nos están viendo las canillas. Los de abajo, los que entran y salen de las cárceles una y otra vez por falta de espacio; los de arriba ni siquiera entran, por algo están arriba, mal que mal son de otro planeta.

Los más diversos hechos delictuales son puestos en vitrina a través de medios de comunicación que se encargan de atizar el fuego. Los “serios”, denunciando la delincuencia callejera, las protestas capturadas por el lumpen y submarineando los delitos cuyos protagonistas son de “cuello blanco”, los de arriba.

En medio de este escenario, a los iluminados no se les ocurre, ni más ni menos que “prevenir” mediante la política de detención por sospecha. Sería interesante que luego de implementada esta audaz y original política se lleve una estadística respecto de quienes son las personas a las cuales se les pide identificarse. Lo más probable que sean más los bajos, morenos, mechas tiesas; menos los blancos y rubios; lo más probable que los escogidos por los encargados de implementar la detención por sospecha lo hagan en los sectores y barrios “marcados” por sus antecedentes.

Me pregunto si se hará detención por sospecha a quienes residen en La Dehesa, en Vitacura o en Las Condes. Me pregunto dónde viven quienes haciendo gárgaras con su amor por la patria sacan sus dineros para invertir fuera del país, o para evadir el pago de impuestos invirtiendo sus recursos en paraísos fiscales. ¿Dónde puso sus recursos el innombrable? ¿Agustín Edwards, propietario de El Mercurio y toda su cadena? ¿Se le detendrá por sospecha? Lo dudo.

Me pregunto quienes hacen más daño. Leyendo la prensa “seria” no hay por donde perderse. Es la delincuencia del día a día, a vista y paciencia de todos. Sin embargo me asiste la duda. Sería interesante que los economistas evaluaran los costos que generan al país unos y otros, los de abajo y los de arriba, con sus actividades delictuales.

Sospecho que estos últimos puntearían la tabla por paliza. Por tanto no puedo dejar de ver el interés hacia la detención por sospecha como un volador de luces, orientada a distraernos de las denuncias por corrupción que afectan a los de arriba, esto es, a las élites empresariales, políticas, deportivas y eclesiásticas.

No sé por qué, pero toda la faramalla armada en torno a la detención por sospecha me hace recordar la famosa ley de control de armas que precedió al golpe del 73. Recuerdo que el espíritu que se presumía era el de desarmar, pacificar el país. En la realidad sirvió para tantear el terreno y prepararlo para lo que vendría. En vez de impedir el golpe, la ley terminó por asegurar el éxito de los objetivos del golpe y de quienes estaban tras él, los mismos que aprobaron la ley de control de armas.

Estamos pagando caro el preocuparnos solo de nuestro respectivo metro cuadrado, del cosismo al cual es tan adicto el neoliberalismo, y no del contexto en que nos encontramos, de la realidad que nos rodea.

¿No estaremos dando palos de ciego?

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