La deuda de Chile en el dominio del inglés

10 Noviembre 2018   1357   Opinión   Roberto Guerra
Columnista Diario El Centro
Roberto Guerra

Marketing Manager de Education First

Un país abierto al mundo tiene mayores posibilidades de alcanzar el desarrollo. Una afirmación que para muchos podría sonar antojadiza, deja de serlo cuando se analizan variables importantes, como el aprendizaje de un idioma extranjero. En la actualidad, pocos podrían poner en duda que saber inglés es un elemento que marca una diferencia fundamental a nivel académico, cultural y laboral.
A pesar de los esfuerzos que se han realizado en los últimos años, nuestro país continúa a la baja en el ranking English Proficiency Index 2018 (EF EPI por sus siglas en inglés), una radiografía que revela el estado de manejo de este idioma en 88 países y cuyos resultados se construyeron con las respuestas de más de un millón 300 mil personas mayores de 18 años. En términos generales, Chile descendió, por tercera vez consecutiva, hasta ocupar el lugar número 46 a nivel mundial -considerado “bajo” para efectos de este ranking- y número 5 en la región, quedando atrás de Argentina, Costa Rica, República Dominicana y Uruguay.
¿Cómo debemos interpretar estos datos en un país que forma parte del selecto grupo de naciones OCDE? Éste es uno de los desafíos fundamentales, pues existe una correlación directa entre el nivel de manejo de un idioma como el inglés y la productividad laboral de los trabajadores, lo que tiene directa relación con las economías locales y el nivel de desarrollo que pueden alcanzar los territorios. De acuerdo a datos consignados en el reporte, al ser Chile un país considerado “bajo” en el ranking, puede aspirar a un promedio de US$ 20,43 por hora trabajada, mientras que aquellas naciones ubicadas en la categoría “Muy Alto” producen US$ 65,82 por la misma cantidad de tiempo.
Además de esta variable, conocer y manejar un segundo idioma tiene impactos directos en otras esferas de la vida, como el poder adquisitivo de las personas, su calidad de vida, la capacidad de innovación de un país, además de otros indicadores de altísimo valor para las economías locales y mundiales, como un mejor PIB per cápita promedio. Si miramos las primeras posiciones del ranking, no es de extrañar que Suecia, Holanda, Singapur, Noruega y Dinamarca ocupen las primeras posiciones. Son países que, a pesar de tener sus propios dialectos, asumieron el inglés como lengua oficial o hacen esfuerzos permanentes para que su población lo aprenda y pueda insertarse con éxito en el mundo.
Si bien las nuevas tecnologías han contribuido a una masificación de otros idiomas, no sólo del inglés, lo cierto es que Chile debe tomar cartas reales en el asunto, porque el momento actual así lo demanda. Vivimos en un contexto en donde las barreras han ido disminuyendo en beneficio de un lenguaje considerado universal y que permite acceso a nuevo conocimiento, a la innovación, a otras experiencias laborales y a la posibilidad de explorar el mundo con la confianza absoluta que podremos darnos a entender y establecer relaciones en cualquier punto del planeta.