Martes, 13 de Noviembre de 2018
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Opinión

La difícil modernidad

Abraham Santibáñez

Premio Nacional de Periodismo

Debido a un accidente grave sufrido por mi esposa, he tenido que transitar por los caminos de la modernidad. El balance es de dulce y de agraz.

Las autoridades nos insisten en que Chile se ha tecnificado en un alto nivel. En la vida cotidiana vemos que el uso de los celulares -mucho más que simples teléfonos móviles- se ha masificado. Un maestro gásfiter que hizo algunos arreglos en la casa, nos informó del material que teníamos que comprar mediante una foto tomada con su teléfono y transmitida vía whatsapp. Cuando se nos quedó en casa la lista de compras del supermercado, la “nana” nos la remitió del mismo modo para que no tuviéramos que regresar.
Aunque a estas alturas prácticamente todos los chilenos han vivido parecidas experiencias, no puedo dejar de mencionar cómo hemos seguido el nacimiento de nuestra nieta desde las ecografías del vientre materno hasta sus primeras “gracias”, todo mediante un celular que cabe en la palma de la mano y maneja cualquiera, incluso los no nativos digitales.
No hay duda: estamos viviendo plenamente la modernidad.
En el caso del accidente de Ana María, hemos podido seguir todo el proceso en alas de la intercomunicación universal en que estamos inmersos. En la clínica, donde fue operada de urgencia de una fractura de cadera y fémur, vimos lo mismo que vio el cirujano vía radiografías y mensajes electrónicos en color.
El proceso legal también lo hemos seguido por el computador. Cuando fuimos con mi hijo a la fiscalía, se nos entregó de inmediato el documento con los detalles del accidente. Regresamos felices a casa. Pero ahí descubrimos que en la transcripción del parte de carabineros (escrito a mano por primitivo que nos parezca), se cometió un error y un número de la patente del vehículo estaba equivocado. Felizmente se corrigió.
Ahora tenemos un completo dossier: carabineros e investigaciones, a pedido de la fiscalía, han hecho su trabajo. Hay informes digitalizados y fotográficos de la señalización en la esquina del accidente. Un subcomisario de la PDI recabó personalmente más detalles, igual que un profesional del Servicio Médico Legal.
Ni el proceso policial ni el de salud han terminado. Pero hemos avanzado mucho y por eso pensamos que era hora de preocuparnos de los seguros, en especial el seguro obligatorio (SOAP). Aquí encontramos una dificultad inesperada: el choque entre la burocracia tradicional y la electrónica.
En las oficinas de la aseguradora nos pidieron los originales del informe del médico que trató inicialmente a Ana María y del parte policial y no las copias impresas de los correos electrónicos recibidos. Con amabilidad, la funcionaria nos dijo que recibiría la documentación pero que era posible que tuviéramos que regresar con los originales.
Estamos a la espera del dictamen de una autoridad que no conocemos y ante la cual no parece existir posibilidad de apelación: la compañía aseguradora. La modernidad la manejan vía twitter el presidente de Estados Unidos y otras autoridades de todo el mundo, igual que miles de fervorosos participantes en las redes sociales. Construyen la historia de nuestro tiempo; pueden desatar guerra de todo tipo y también pueden obligar a cambiar ministros.
Pero todavía hay tareas que no funcionan como deberían en nuestro Chile “moderno”.

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