La discriminación en Chile

22 Febrero   357   Opinión   Litta Soto Villagrán
Columnista Diario El Centro
Litta Soto Villagrán

Docente Formación General Corporativa, Universidad Autónoma de Chile.

Las palabras construyen realidades. Es mediante las palabras o acciones que se puede dañar a los otros: humillándolos, desvalorizándolos o destruyéndolos. El lenguaje es capaz de construir una realidad personal, social y comunitaria que dice relación, entre otras cosas, con el fortalecimiento de aquellos pensamientos que se encuentran arraigados en los imaginarios colectivos.
Las representaciones negativas de los inmigrantes toman tanta fuerza que se traducen en discursos socialmente validados y reconocidos por todos. En este sentido entendemos como discriminación una relación social en que la identificación de los otros entendidos como los diferentes (inmigrantes) se representa en el interior de una matriz en la que aparecen estereotipados y reducidos de forma material y simbólica. A partir de esta idea es que se reproducen sistemas lingüísticos que discriminan y a la vez ubican a los inmigrantes en un lugar inferior dentro una jerarquía social imaginaria.
Cabe señalar que los procesos discriminatorios adquieren diferentes formas desplegándose sobre distintas esferas sociales (economía, la política, la cultura, la educación, etc.) en procesos que no se manifiestan aisladamente, sino que se refuerzan y condicionan mutuamente. La discriminación estructural, es decir, la que se reproduce desde el Estado tiene una lógica de exclusión objetiva y material y es propia de los espacios sociales de desigualdad y exclusión socioeconómica. Otro nivel refiere a la discriminación que se hace desde la valoración negativa de los rasgos fenotípicos (y/o sociales) de la población inmigrante. Sin duda que es éste tipo de discriminación la que conlleva la descalificación y el prejuicio, se realiza cotidianamente cara a cara y está profundamente arraigada en nuestras prácticas culturales y simbólicas. Reproduce sin duda prejuicios basados en características físicas y a partir de las cuales se despliega un discurso referido a un “otro inmigrante” desvalorizado, estereotipado y estigmatizado.
Entonces, es en el lenguaje y las formas del habla donde reside gran parte de las prácticas discriminatorias hacia los inmigrantes y de los prejuicios sociales que se reproducen cotidianamente generando una jerarquización entre ellos (los inmigrantes) y nosotros (los chilenos).