La empatía al vivir en sociedad

23 Noviembre 2018   1131   Opinión   María Francisca Monje Martínez
Columnista Diario El Centro
María Francisca Monje Martínez

Docente Carrera de Psicología, Universidad Autónoma de Chile

Hoy en día vivimos cada vez más en comunidad; rodeados de vecinos, en barrios bien definidos, con áreas comunes que debemos respectar y cuidar, lo cual exige comportamientos que muchas veces chocan con el modelo mental individualista reinante. Es así como la “empatía vial” al momento de estacionarnos y transitar por ciudades y carreteras es algo bastante poco común, funcionando más bien en modo auto centrado, buscando satisfacer mis propias necesidades sin considerar que comparto esas mismas necesidades con más personas.

Lo mismo sucede con la tenencia responsable de mascotas y la preocupación de mantener la limpieza de mi entorno cercano y el medio ambiente en general; ¿Me importa que mi perro se coma la basura del vecino o haga sus necesidades en su jardín? ¿Me importa dejar basura si veo que existe alguien encargado de limpiar? Frente a estas situaciones tendemos a mostrar aspectos de una personalidad “como si”, dando la impresión de tener claros estándares al respecto, integrando en nuestro discurso conceptos como empatía y respeto, mostrándonos muy ajustados al entorno, compartiendo en redes sociales artículos y noticias que den cuenta de una preocupación social, de un alto interés por los demás.
Pero luego, en nuestra vida privada, en los actos que llevamos a cabo en la cotidianidad, este pseudo pensamiento que tanto pregonábamos pasa a segundo plano, dando lugar a contradicciones vitales producto muchas veces de priorizar la comodidad, del apuro con el que vivimos y más que nada de una falta de profundidad en nuestras convicciones y la poca conciencia de un otro. Es así como vemos personas que no respetan los espacios compartidos, los tiempos y esfuerzos de otros, los turnos, la propiedad privada, generando frustraciones evitables, que solo fomentan el malestar generalizado que existe hoy en nuestra sociedad.
Luego, hábilmente resolvemos la disonancia cognitiva que se nos produce, buscando explicaciones que justifiquen nuestras cuestionables acciones. Llegamos a nuestras casas y expresamos virtualmente nuestro gran pesar por la situación de los inmigrantes, por la violencia hacia las mujeres, por el aumento de la delincuencia y las violaciones de los derechos humanos, para poder así dormir tranquilos pensando que estamos haciendo todo lo posible por vivir en un mundo mejor.