Domingo, 19 de Agosto de 2018
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Opinión

La estrategia del gabinete de Piñera

Pablo Muñoz Morales

Profesor de Comunicación Política Universidad Santo Tomás

A priori, si queremos ver un sello en el nuevo equipo del presidente electo, se puede advertir que apostó por sus incondicionales, quizá por su círculo de hierro; si bien hubo sorpresas como el nombramiento de Roberto Ampuero en la Cancillería y Alfredo Moreno en Desarrollo Social, también dejó claro a su hombre fuerte, Andrés Chadwick en el Ministerio de Interior.
En este gabinete hay más política, más presencia de partidos a diferencia del 2010, gente con más experiencia y de continuidad, como Andrés Chadwick en Interior, Felipe Larraín en Hacienda y Cecilia Pérez en Vocería.
Y ¿cuál es la estrategia en este diseño ministerial?, al respecto el punto de observación inicial está en el lugar que quedaron algunos de ellos, por ejemplo, el próximo Canciller Ampuero, que ha sido cuestionado por carecer de una carrera diplomática, pero para ser justo cuando entró Alfredo Moreno a Relaciones Exteriores tampoco tenía experiencia internacional; hoy Ampuero representa más, fue embajador y conoce por dentro el funcionamiento del ministerio, tiene una red de personas conocidas, conoce el funcionamiento del Estado porque fue ministro de Cultura.
Por lo tanto, si es por experiencia Ampuero tiene más de lo que tenía Moreno hace ocho años.
Entonces la lógica no tiene tanto que ver con la destreza, en este caso con el servicio exterior, sino que conlleva un mensaje a comunicar, Roberto Ampuero es una persona capaz de mostrar un rostro amable en un ambiente absolutamente técnico, que tiene una historia interesante que llamará la atención de la prensa y la comunidad internacional, por el hecho de ser un comunista reconvertido, que vivió en Cuba y en la RDA, que conoció por dentro el otro lado del muro o la cortina de hierro, que supo del socialismo real y se desilusionó por completo y optó por otro camino ideológico.
Otro atisbo de la estrategia es mostrar su decisión y mando, con un Gerardo Varela en Educación, el cual ha sido muy claro en oponerse a las teorías de los movimientos estudiantiles; con Isabel Plá en el ministerio de la Mujer, quien ha tenido una posición conservadora en temas valóricos; pero también, se observan gestos de transversalidad con la designación de Alejandra Pérez en Cultura, personaje extra muro que no era de la coalición y con Antonio Walker, con familia reconocida en la DC, pero afín a Piñera desde el 2010.
Esta mezcla entre decisión (a pesar de las reacciones) y gestos (que denota voluntad política) responde a sintonizar con las características actuales de la derecha o centro derecha chilena, muy distinta a la de hace 20 años atrás.
Aquí no se improvisó porque estarán sus cercanos en La Moneda y lo que se acentúa en el diagnóstico de la estrategia, es el rasgo de continuidad, hay un tercio de secretarios de Estado que ya habían trabajado en su primer gobierno y -a su vez- la experiencia política, queda representada en aquellos que ya estuvieron en el poder, como este grupo relevante de ex parlamentarios.
Y ante la pregunta qué cambió o algo nuevo tiene este cuadro ministerial, la respuesta está en que para que eso pase, algo tiene que permanecer y en este caso, el mensaje y la señal que entrega el presidente Piñera, que aquello que funciona y opera bien, aquello que se articula adecuadamente, para qué cambiarlo; la jugada es que funcione bien, pues el tiempo es corto y los desafíos significativos y complejos, por lo tanto minimizó absolutamente los riesgos.
En todo caso faltan los subsecretarios y autoridades regionales y ahí, se va a ir viendo más claramente la estrategia de conducción presidencial.

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