¿La fe cristiana es una fe ciega?

04 Noviembre 2018   1706   Opinión   SERGIO RODRIGUEZ VARELA
Columnista Diario El Centro SERGIO RODRIGUEZ VARELA
SERGIO RODRIGUEZ VARELA

Consejo de Pastores.

Los enemigos del cristianismo, muy en especial, los ateístas y agnósticos, al preguntarles acerca de la fe del cristianismo, responden que obedece a una fe ciega, es más, es decir, nos creen ignorantes. No obstante, cuán lejos están de la realidad, ya que millones de cristianos que han existido, como los que existen, si les preguntamos, cada uno respondería que su fe no está basada solo en el conocimiento escritural, sino que la respuesta estará acompañada del testimonio (evidencia) que cada uno ha vivido.
Los contrarios al cristianismo fundamentan en la respuesta que Jesús dio a Tomás ante su negativa de creer en su resurrección. “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:29). Si se aísla el verso del contexto bíblico, como ellos lo hacen, escasamente podrían tener razón, ya que las evidencias (milagros) que Cristo había realizado durante su ministerio, de las cuales Tomás fue testigo, eran suficientes para que no dudara de su resurrección. No obstante, creo que Cristo en su soberanía, llevó a Tomás para hacer una declaración todavía mayor, la cual fue expresada una vez que Cristo instó a Tomás, no solo a ver, sino a tocar el cuerpo del Señor.
La declaración de Tomás surge de una profunda impresión, ya que él fue testigo cuando Cristo fue lacerado; él le vio cuando fue clavado en la cruz; él le vio morir, él vio cuando fue sepultado. Ahora, al ver a su maestro con vida, al ver las heridas en su cuerpo, las cuales ya no sangraban, pero aún estaban abiertas; constituían una evidencia clara y suficiente que Cristo era un ser sobrenatural. Al ver lo anterior, de la profundidad de su alma, exclama “¡Señor mío y Dios mío!”. Como lo expresa M. Henry: “Debemos reconocer su divinidad: que no es un hombre hecho Dios, sino Dios hecho hombre” (su encarnación Juan 1: 1; 14). Lo cual también debiera llevar a cada ser humano a reconocer a Cristo, no solo como salvador, sino como “su Señor y su Dios”. Y como dice Pablo: “Por lo cual, Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2: 9 -11).
La palabra “Fe” -Gr. “pistis”- consiste en “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). El no haber visto, no quiere decir que Tomás no tuviera evidencias, muy por el contrario, las tenía, sin embargo, su escepticismo extremo lo llevó a dudar de la resurrección de Cristo. Es exactamente lo que hacen nuestros oponentes, a quienes les decimos que para ver, primero debemos creer, como lo dijo Jesús a Marta (hermana de Lázaro),ante su desconfianza. “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” (Juan 11:40).
Nuestra fe en Jesucristo, no es una fe ciega, muy por el contrario, tenemos las evidencias del poder del evangelio de Cristo, el cual ha trasformado, sanado, salvado y bendecido nuestras vidas.
Amen.