La gobernanza democrática desafiada

19 Enero   438   Opinión   Rodolfo Schmal S.
Columnista Diario El Centro Rodolfo Schmal S.
Rodolfo Schmal S.

En Chile, a lo largo de diversas ciudades, en un esfuerzo descentralizador, por estos días ha estado desarrollándose el Congreso Futuro. Una de las charlas, titulada el poder de los ciudadanos, concierne a la desconfianza de los ciudadanos en sus gobiernos, la que nos invita a buscar alternativas de gobernanza.
Esta creciente desconfianza se da a pesar de tener gobiernos que se asumen democráticos, o sea, que han sido elegidos por sus ciudadanos. En cierto modo esto representa una contradicción, dado que si somos nosotros quienes elegimos a quienes nos gobiernan, entonces se supone que debiésemos confiar en ellos. Sin embargo, ello no es así. Qué está pasando?
Hemos entrado a la era de la información, desde una era donde había poca información, que no era accesible, estamos pasando a una de mucha información, gracias a la revolución de la informática y las comunicaciones. Venimos saliendo de un tiempo en el que nuestras decisiones estaban basadas en muy poca información. Hoy manejamos mucha más información que en el pasado, y ello está abriendo nuestros ojos, nos está permitiendo ver lo que antes no veíamos: que nuestros representantes en los gobiernos y en los parlamentos, han estado conformando leyes con un cierto sesgo a favor de determinados grupos sociales, económicos o culturales. En USA un estudio llegó a la conclusión que lo que se tiene no es un sistema democrático, sino que un sistema oligárquico, donde una élite conformada por los más ricos y poderosos se encarga de concebir, diseñar e implementar leyes que los beneficien pensando en sus propios intereses, aun cuando sea en desmedro de los intereses de los sectores medios y bajos. Lo mismo podríamos sospechar que ha estado ocurriendo en nuestros países.
Si bien esto no es nuevo, de alguna manera se intuía, pero gracias a las sucesivas elecciones que el sistema democrático pone a nuestra disposición, escogíamos nuevos políticos para conformar los gobiernos y los congresos. A pesar de esto, las leyes que se promulgan tienden a favorecer a los mismos de siempre. Una y otra vez. Y cargamos los dardos a los políticos sin percatarnos que el problema no son ellos. Más que cambiar a los políticos, lo que se ha comprobado que no tiene los efectos esperados, lo que habría que cambiar es el sistema político. Vaya tarea monumental. Al lado de los asombrosos y vertiginosos avances que hemos experimentado, y seguimos experimentando en el ámbito tecnológico, el ámbito político parece petrificado, los gobiernos y los parlamentos actuales no parecen muy distintos a aquellos que existían hace más de 100 años atrás.
Para evitar que sigamos votando por quienes nos engañan, estamos obligados a tener la capacidad para filtrar información proveniente de las fuentes tradicionales y no tradicionales –redes sociales-. Capacidad indispensable para distinguir aquella que es relevante de la que no lo es, así como darnos el trabajo y tener la capacidad para verificar la información que recibimos. Pero eso no bastará si no logramos controlar y manejar la información disponible asegurando que los gobiernos y parlamentos, no interfieran en ella. Esto implica implementar sistemas en distintas nubes –con la información distribuida en miles de computadores con los cuales interactuemos directamente, y que sean autónomos de los gobiernos y los parlamentos.
Este fue uno de los desafíos planteados en una de las charlas en el Congreso Futuro. De este modo, los gobiernos y parlamentos perderían el poder monopolístico que en distintas materias disponen actualmente, forzándolos a combatir este empoderamiento ciudadano con un comportamiento más eficiente y respetando sus intereses, no solo los de las élites. La idea es que la tentación de los gobiernos por limitar, controlar o prohibir la construcción de estas nubes de información no esté disponible. Menudo desafío.