La hojarasca

28 Julio 2018   950   Opinión   Diego Benavente M.
Columnista Diario El Centro Diego Benavente M.
Diego Benavente M.

Ingeniero civil, U. de Concepción

Siempre es difícil definir cuál será el tema de la columna, pero nunca faltan los generosos aportes, tales como desatinos políticos y anécdotas que se derivan de la contingencia. Así en esta oportunidad es posible apreciar el ruido mediático que han provocado distintos desaciertos que han cometido algunas autoridades, como el llamado de atención a un abogado por el no uso de la corbata en una de las comisiones de la Cámara de Diputados y el reciente gafe del ministro de Educación Gerardo Varela. 

Este último a veces se nos tiende a confundir con el humorista uruguayo Varela. A lo mejor le viene por el apellido, dado el carácter de algunos de sus comentarios. El columnista Hugo Herrera fue más drástico al expresar que Varela, “mostraba, hace meses, incontinencia verbal, exabruptos de abogado acomodado, encerrado en su cosmovisión probablemente tan pequeña como su barrio, su trabajo y su lugar de veraneo”. Tiene sus riesgos el usar resortes coloquiales cuando se cumple un rol ministerial, sobre todo en un país tan grave como Chile. Pero también es cierto que muchas veces a las autoridades les cuesta ubicarse, cuando en su gran mayoría provienen de la elite capitalina, con poca calle y que no se peinan con la realidad de los territorios. Según el economista de Yale, Seth Zimmerman, citado por Ciper “el 50% de los cargos más altos en las empresas chilenas lo ocupan ex alumnos de sólo nueve colegios de elite”.
Esto sin duda es una gran debilidad del país, nos farreamos ni apreciamos la diversidad, así lo constata el economista inglés James Robinson, al ser consultado por el diagnóstico de Chile futuro: “No sé si hay una voluntad o un proyecto político para llevar a Chile al siguiente nivel. Tal vez Chile quede estancado por la naturaleza oligárquica de la sociedad. Para ser económicamente exitoso, un país necesita sacar ventaja de todo el talento, la energía, la creatividad y la capacidad de emprender, pero eso es muy difícil de hacer si están por fuera. Puede que el problema chileno sea muy difícil de resolver”.
Para él este es un problema más sociológico y cuesta encontrar una política obvia que se pueda implementar, más bien el proyecto debiera venir de alguna otra parte, de la sociedad. Es decir, una tarea donde a las regiones les cabe un rol clave en empeñarse decididamente en esto, ya que si no se hace desde los territorios, de parte de los mismos de siempre, no se oye padre.
Otro actor clave en esto es la prensa, cuya razón de ser, pareciera ser buscar y rebuscar siempre en lo conflictivo, lo morboso que vende, apuntar al culpable o lo que llame la atención, esto hace que el clima que se aprecia muchas veces en el ambiente nacional, sea más de hojarasca como lo denominaba el ex-presidente Lagos.
Hay que trascender de aquello, la redes sociales como Twitter no ayudan ni menos se prestan para la reflexión, ni para promover o difundir lo relevante, sino más bien destacar la discusión altisonante, lo destructivo y lo que no hace camino, por el contrario destruye y hace perder tiempo.
La pregunta obvia es, si como país estamos para esto, por el contrario necesitamos avanzar y generar espacios de confianza y trabajo conjunto, en lugar de estar dedicados a la chimuchina y la farándula, como la razón de ser de cada semana, es cosa de ver las encuestas.