La izquierda “joven”: contradicciones que marcan

10 Enero   503   Opinión   Ervin Castillo A.
Columnista Diario El Centro Ervin Castillo A.
Ervin Castillo A.

Fundación Talca

Desde su aparición en la escena pública, el Frente Amplio nos vino a ilustrar con su “sabiduría” y particular “elocuencia”, la nueva forma de hacer política, y los nuevos paradigmas del organigrama político. Con falta de coherencia en muchas de sus acciones, pero al mismo tiempo con alianzas políticas con determinados actores del Congreso Nacional, lograron avanzar e instalar temáticas relevantes de discusión. Nadie niega que muchos de los proyectos sobre los que actualmente la sociedad chilena está conversando, han sido impuestos en la mesa por este grupo mayoritariamente conformado por personas jóvenes, y en menor medida, por algunos viejos personajes del quehacer político.
Sin embargo, lo anterior se contrapone con otra importante característica que nos ha ido mostrando el Frente Amplio, como lo ha sido su escaso compromiso en materia de Derechos Humanos, y su nulo mensaje de futuro en lo que a este tema se refiere. Sin ir más lejos y como es de público conocimiento, el diputado Boric presenta en est01as lides, una problemática de raigambre profunda. Primero, unas desafortunadas palabras en las que abrazaba la causa del “Comandante Ramiro”, quien hoy se encuentra privado de libertad fuera del país. Después, acompañado de la diputada Orsini, compartió café con Ricardo Palma Salamanca, prófugo de la justicia chilena, lo que significó el desconocimiento de una resolución judicial y del estado de derecho de un miembro de un poder del estado, en relación a una decisión de otro de los poderes del estado. Finalmente, la revelación reciente de un vídeo antiguo, en donde el parlamentario festinaba y se mofaba de una polera en donde el senador Jaime Guzmán aparecía baleado, haciendo alusión al crimen aún impune del año 1991.
En paralelo, la diputada del Partido Comunista, Carmen Hertz, lidera un proyecto de ley que busca condenar penalmente a quien justifique, apruebe o niegue las violaciones a los Derechos Humanos cometidos entre 1973 y 1990 en nuestro país, cuyas violaciones resulten consignadas en informes oficiales realizados por el estado de Chile.
La condena a la violación sistemática de las prerrogativas fundamentales de cada ser humano, me parece desde luego una cuestión razonable y muy necesaria para la convivencia cívica que socialmente nos merecemos en pleno siglo XXI, pero… ¿No resulta razonable antes, liderar una conversación que nos permita avanzar hacia mínimos comunes en este ámbito, y así evitar las reiteradas intentonas de pasar la cuenta o de comparar quiénes han violado más o menos los Derechos Humanos, como si algunos de éstos fuese menos importante que otro?, ¿Es condenable con pena de cárcel el pensamiento de una persona por más nocivo que éstas ideas nos puedan parecer?, ¿Dónde se sitúan los límites?, ¿Los hay?, ¿Los debe haber? Nada resuelto.
Para terminar, ¿Resultan habilitados ciertos personeros como algunos de los aquí nombrados, para poder definir estos aspectos centrales en una sociedad democrática? Dudas, muchas dudas.
Permítanme, al menos, el beneficio de la duda en relación a los falsos paladines de la moral en Chile. No tienen moral para hacer de la política una cuestión eclesiástica.