La nobleza de servir

25 Noviembre 2018   1143   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

Servicio es una noble palabra que da cuenta de la actitud más excelsa que puede expresar una persona. Es un modo de vida que mira en primer lugar a los demás, sus necesidades, deseos, anhelos. Al servir, no hay interés por alardear lo que se hace, ni complacerse. Sencillamente sirve el buen servidor o servidora, y lo hacen en toda circunstancia, para que el prójimo se sienta bien. Nada más lejos de servilismos rastreros, muy del estilo de aquellos que tienen como único interés quedar bien situado. O de los que, con sentimientos de inferioridad, viven la rabia y rencor de ser pisoteados por los que se consideran superiores. 

Servir, sin embargo, procede desde lo más hondo de la persona, sea varón o mujer. Está lejos de cálculos mezquinos y estrategias. Lo vemos en el servicio del padre y la madre, las abuelas y abuelos, educadores, jefes de servicios, o en los más sencillos trabajos. Allí, los hijos, el amigo o familiar, el compañero o compañera de ruta, los estudiantes, a los que se sirve, de cualquier condición social, son siempre lo más valioso. Porque el buen servidor procura abnegado que ellos crezcan, se desarrollen, sean en plenitud, triunfen en sus tareas.
Cada cual posee imágenes vivas que nos han regalado con este talente del servicio, luz y guía en la existencia, de las que todavía nos nutrimos. Ahí están esas mujeres cuya entrega a los suyos, con firmeza y ternura, han sido cuna de muchas y muchos. Un conjunto de detalles cotidianos, teje la trama de lo que ello implica. ¡Cuánto demanda acompañar el crecimiento de una persona humana! El amor y el respeto, la veracidad y la justicia, el trabajo abnegado, todo ello, está presente en los padres magnánimos que sirven auténticamente.
De todo aquel que posee alguna responsabilidad, sea pública o privada, esperamos que cumpla su labor en el sentido de servicio. Lamentablemente ocurre con frecuencia que algunos aprovechan condiciones de privilegios para servirse a sí mismos. Olvidan el bien de los otros y el bien común. Además, sabemos que son muchos los que desprecian los servicios menores, que son el sostén mismo de la sociedad. Pienso, por ejemplo, en los trabajadores de la basura, servidores de la vida pública y social. ¿Podríamos vivir en medio de los desperdicios que manos esforzadas sacan periódicamente desde nuestros barrios con gran sacrificio? ¿Qué decir de los que hacen aseos en las oficinas?
En medio de tanta prepotencia, poder y farándula desplegada, además de la carencia de verdaderos servidores públicos, vale la pena hacer presente la amplia gama de los oficios humildes donde las personas los desempeñan sirviendo con dedicación y alegría.
¡Hace mucha falta hoy volver a descubrir la nobleza de servir…!