Lunes, 24 de Septiembre de 2018
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Opinión

La nueva policía del siglo XXI

Ervin Castillo A.

Fundación Talca

Por eventuales razones de carácter político y su relación con las colectividades de Chile Vamos, es que el Presidente Piñera se inclinó durante la semana pasada por un cambio en el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, cesando en sus funciones la secretaria de estado Alejandra Pérez, y asumiendo en su reemplazo Mauricio Rojas. Acto seguido, paso de 4 días, y el termino de las funciones del entrante Ministro. El Presidente Piñera en una decisión tan controvertida como inédita, optaba por remover de sus funciones al ahora ex Ministro. ¿Razones? Una declaración antigua del ex mirista y parlamentario en Suecia, donde errónea y lamentablemente, calificaba como un “montaje” al Museo de la Memoria. De aquí en adelante y a propósito de esta rápida crisis que terminó por decantarse en tan solo algunas horas, varias cosas que decir. Primero, y desde luego, la necesaria reflexión que como centro derecha debemos tener en relación al respeto irrestricto por los DDHH, teniendo claridad absoluta en el rechazo sin vacilaciones, a las vulneraciones y atropellos acaecidos durante la dictadura militar. Segundo, la necesidad política de que una vez por todas, se anticipen este tipo de situaciones, evitando los ya clásicos “autogoles” políticos, no haciendo nacer complejidades evidentes sobre todo cuando se enfrenta a una oposición tan vacía y carente de ideas.
Sin perjuicio de lo anterior, creo vital también realizar un par de comentarios respecto al comportamiento ya habitualmente adoptado por una facción no menor de las fuerzas políticas de izquierda en Chile: la superioridad moral en materia de DDHH para recriminar siempre a los del frente sin mirarse su propio ombligo, ese que dice relación con violaciones profundas y sistemáticas a los derechos fundamentales de las personas, con una historia manchada con sangre que incluso una gran parte de sus nuevas generaciones arropadas en corrientes como el Frente Amplio, han optado por herredar política y culturalmente. No hay reproches mayores respecto a los movimientos y gobiernos que ellos mundialmente apoyan incluso en nuestro continente, los que no en pocos casos se han encargado y se siguen encargando de dañar irreversiblemente las democracias de sus países.
Este episodio tan mal manejado desde una coyuntura política y comunicacional, debe servirnos a quienes promovemos la libertad y dignidad como ejes rectores de la persona humana, para por una parte no vacilar de manera alguna cuando se trate de condenar al que por la fuerza y el control absoluto del poder coarte los derechos de sus pares, y al mismo tiempo, no agachar la cabeza cuando la conversación se refiera a los derechos fundamentales del ser humano. Estamos llamados, en un plano de igualdad, sin intentos falaces de superioridad y legitimidad moral, a contrarrestar a todos los que transgredan los límites de la democracia, para usar esta en beneficio propio y no con miras al bien común. Solo así, se podrá hacer frente a los nuevos policías del siglo XXI, esos que desde las banderas del “progresismo” se arrogan competencias y roles que no les son tales, con una incongruencia que no puede seguir pasando desapercibida.

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