““La paz esté con ustedes” Segundo domingo de Pascua. Juan 20, 19-31.

08 Abril 2018   889   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

El evangelio de este domingo nos cuenta que el primer día de la semana, siete días después de la resurrección de Jesús, los discípulos estaban encerrados por temor a los judíos y en esa situación de orfandad grupal el Señor llegó, atravesando los muros y los saludó diciendo ¡La paz esté con ustedes! Esa aparición los llenó de alegría y reciben el envío a una misión de perdonar los pecados, de sanar a los hombres y mujeres que no tienen paz por muchísimas razones.
Sucedió que ese día no estaba Tomás, uno de los apóstoles y que al contarles lo ocurrido no cree y más bien los reta diciendo: “Si no veo la marca de los clavos en sus manos y en sus pies y la herida en su costado no creeré”.
La semana siguiente vuelve Jesús a encontrarse con sus discípulos y ahora estaba Tomás junto a ellos, entonces el Maestro le dice: toca mis manos y mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe. A Tomás le brota el grito: Mi Señor y mi Dios.
Para cada hombre y mujer la paz tiene una expresión distinta, seguramente en lo general coincidimos, pues las necesidades básicas son, en todo el mundo, las mismas: alimento, vivienda, salud, trabajo, familia. Y la falta de alguna de estas palabras trae consigo temores que expresan las grandes luchas de los hombres y mujeres de todos los tiempos: pobreza, muerte, violencia, migración, etc.
Creo que es muy importante saber que nuestra gran meta es la paz y que ella se logra en la medida en que vamos obteniendo la superación de esas realidades negativas que le quitan alegría y deseos de vivir a las personas. Para Jesús el pecado es la mayor causa de pérdida de paz. Es por eso su preocupación y el cuidado de dejar ministros del Perdón, porque el perderse en esa realidad no solamente quita la paz a quien vive en pecado sino a aquellos que se ven cercanos y por lo mismo heridos por esa realidad.
Hoy nos damos cuenta de que, los grandes esfuerzos de las personas y las naciones, consiste en alcanzar la plena armonía y eso implica sacrificios personales e institucionales. El renunciar a algún “derecho” con el fin de conquistar algo mayor produce entendimiento y acuerdo en cosas mayores. Seguro que esa situación contribuye a la paz en todos sus ámbitos.
Hay veces en las cuales algunos se oponen a renunciar a privilegios, aunque fueran inmemoriales, afectando con ello la paz.
La paz de Jesús no es la tranquilidad aparente de que todo es “una taza de leche”, la paz de Jesús es aquella que sabe vivir plenamente su vocación, aunque eso implica trabajo, esfuerzo e incomprensiones como la vida misma de Jesús. Pero esa disposición es la que consigue para todos el perdón y la salvación. El esfuerzo de muchos hombres y mujeres en la historia por lograr la independencia de pueblos ha sido seguramente desvelos y trabajos, pero han conseguido la salud de las personas, el respeto a los derechos de los trabajadores, la buena utilización de los recursos de la tierra, etc., ha significado seguramente para ellos la paz verdadera. El haber hecho su tarea como los servidores inútiles de los cuales habla el evangelio, pero que se ven favorecidos todos los más pobres y postergados. Seamos hombres y mujeres buscadores de la paz.