La resurrección del innombrable

22 Diciembre 2018   1137   Opinión   Rodolfo Schmal S.
Columnista Diario El Centro Rodolfo Schmal S.
Rodolfo Schmal S.

Una joven diputada de Renovación Nacional (RN) en el último Consejo general de su partido, sin vergüenza alguna, se declaró orgullosa de ser pinochetista, y al mismo tiempo, partidaria del orden, la libertad y la democracia. Por afirmarlo se declaró valiente y pidió la misma valentía a quienes asistían al Consejo, muchos de los cuales respaldaron y aplaudieron la alocución de la diputada.
No me calza ni lo uno ni lo otro. Uno, la asociación del pinochetismo con el orden, la libertad y la democracia; y dos, que por afirmarlo se considere valiente.
Personalmente soy partidario del orden, la libertad y la democracia, pero no soy pinochetista. Y no lo soy precisamente porque bajo su régimen no hubo ni orden, ni libertad, ni democracia, sino el poder del terror, la imposición del miedo, la restricción de las libertades, la ausencia de democracia y el abuso del poder del Estado para atropellar los DDHH. El orden, la libertad y la democracia no se imponen por decreto ni con el peso de las bayonetas. Por el contrario, para que sean reales, deben ser fruto del diálogo, de conversaciones cara a cara sin amenazas, de igual a igual, frente a frente, sin eufemismos y sin armas sobre ni debajo de la mesa. La conquista del orden, la libertad y la democracia es un proceso de mejoramiento continuo, permanente, que debe trabajarse día a día mediante una disposición, una actitud abierta, honesta, positiva en favor de los más débiles. El pinochetismo, a mi modesto entender, es la antítesis de lo expuesto.
Por otra parte, afirmar que “Yo soy pinochetista, y lo digo sin problemas. Soy una agradecida del gobierno militar” no tiene nada que ver con la valentía. La valentía es un concepto que va más allá de hacer o decir cualquier cosa. Como ha sostenido el filósofo español José Antonio Marina, la valentía está asociada a fijarse un objetivo y mantenerlo contra viento y marea, no obstante, los riesgos, esfuerzos y/o dificultades que conlleven. Es una contradicción arrogarse la condición de valiente con viento a favor en medio de un renacimiento de una corriente que tiende a sacralizar el militarismo y el anticomunismo. No se es valiente por respaldar a quienes tienen el monopolio de las armas para que las usen a favor de unos y en contra de otros compatriotas.
Valientes son quienes insisten incansablemente en la defensa de los DDHH y la búsqueda de una justicia que les ha sido esquiva. Valientes son quienes no pierden la fé en la posibilidad de vivir en un país donde coexistan pacíficamente el orden, la libertad y la democracia. Valientes son quienes luchan por estos ideales sin el poder de las armas y a pesar del riesgo de una resurrección de un pinochetismo que no muestra señal alguna de arrepentimiento.