La resurrección en política

09 Junio 2018   846   Opinión   Rodolfo Schmal S.
Columnista Diario El Centro Rodolfo Schmal S.
Rodolfo Schmal S.

En España, luego de presentada una moción de censura contra el gobierno presidido por Mariano Rajoy, contra todo pronóstico, ha sido relevado por el líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Pedro Sánchez.
La posición actual de Sánchez es todo un símbolo de su capacidad para resucitar políticamente una y otra vez.
Es el caso de Sánchez. Liderando al PSOE, en las últimas elecciones generales del 2016, no pudo evitar la peor derrota de su partido desde la llegada de la democracia tras la muerte de Franco. Sánchez se niega a dar el apoyo a Rajoy, que no obstante haber ganado, no obtuvo la mayoría suficiente para conformar gobierno.
La postura de Sánchez se apoya en el slogan “No es no”, resistiendo las presiones de los “barones” del PSOE encabezados por quien fuera su otrora máximo líder: Felipe González. Ante la imposibilidad de Rajoy por conformar gobierno, el rey convoca a Sánchez para que intente ser gobierno. Para ello Sánchez busca el apoyo de UP, sin lograrlo. Luego de un largo período “sin gobierno” por falta de acuerdos, el rey vuelve a llamar a Rajoy, quien ahora sí logra en el parlamento la mayoría suficiente, gracias a una nueva postura del PSOE, para asumir la conducción gubernamental.
Dimite como secretario general del PSOE y como diputado, y como simple militante de base procura reconquistar al PSOE. En las últimas elecciones internas triunfa contundentemente ante la líder andaluza, Susana Díaz, quien era apoyada por los barones y el “aparato” del PSOE.
Conocida la sentencia del llamado caso Güertel, que condena a altos dirigentes del PP, por corrupción generalizada, y que terminó salpicando a Rajoy en su calidad de jefe de gobierno, Sánchez no trepida en presentar una moción de censura, la que parecía ser un mero saludo a la bandera sin mayor destino por carecer de las mayorías necesarias en el congreso. Sin embargo, con santa paciencia, fue acumulando fuerza.
Para Sanchez la presentación de la moción de censura era un imperativo ético, más allá de sus posibilidades de éxito. Frente a la sentencia de los tribunales de justicia que condenaban a quienes habían ostentado altos cargos de gobierno, Sánchez sostuvo que no era posible hacer la vista gorda. Presentada la moción, no estuvo en disposición de negociar apoyos ni aseguró elecciones inmediatas. Tan solo garantizó que dentro de un plazo de tiempo que no especificó, llamaría a elecciones generales.
En su despedida, Rajoy pareció respirar por la herida al acusar a Sánchez de no haber ganado elección alguna, de ambiciones desmedidas y de encabezar un gobierno Frankestein por los más diversos y frágiles apoyos que tendrá. Como ya se dijo en un apartado anterior, efectivamente no llega al gobierno por vía electoral, pero sí por la vía constitucional; en cuanto a las ambiciones desmedidas, está por verse, pero en todo caso para Sánchez la no presentación de la moción de censura habría entrañado hacerse cómplice de la corruptela del PP.
La tarea que debe emprender el nuevo gobierno no será fácil. Sin mayoría en el congreso, dependerá de los partidos que lo acompañaron para derribar a Rajoy y su partido, el PP.
Solo cabe confiar en que Sánchez y quienes le acompañan, estén a la altura de la responsabilidad que han asumido.