Lunes, 19 de Noviembre de 2018
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Opinión

La vida al revés

Diego Benavente M.

Ingeniero civil, U. de Concepción

Es difícil no impactarse con los actos terroristas y de ejecuciones mediáticas de organizaciones como Al Qaeda y el Estado Islámico (EI) o también llamado Isis, por muy lejos que estas ocurran. Ambos grupos estuvieron unidos bajo Al Qaeda, separándose por diferencias de estrategia con respecto a Siria. Desde ahí, según lo describe un artículo del NY Times, “EI ha emergido como la fuerza más dinámica y popular entre los musulmanes radicalizados avivando competencia por reclutas, fondos y motivo de alarde entre los extremos”.
Admiradores de ambos grupos discuten y se enfrentan en las redes sociales, tratando de demostrar quiénes son los que actúan con más violencia y sadismo.
Al Qaeda se adjudicó los atentados a las Torres Gemelas y a la revista Charlie Hebdo. En su dinámica de “tus dos y dos más”, el EI se atribuyó los atentados recientes en París y para no quedarse atrás, Al Qaeda realiza el atentado al hotel en Mali. Matar civiles ha sido su impronta y una estrategia. Sólo discrepan en cuán sangrientos deben ser, incluso se copian tácticas del otro. Pero eso sí, siempre se juega en los medios para asegurar la mayor amplificación del terror, urbi at orbi.
El EI o Isis usa una violencia cada vez más atroz, filma decapitaciones para intimidar a enemigos y atraer a reclutas. Si bien Al Qaeda inició el proceso, el EI lo superó con creces usando elementos de súper producciones al filmarlas. Son cada vez más violentos, incluso cuando sienten que van perdiendo, buscando revertir la tendencia.
Según Peter Neumann profesor inglés, citado por el NY Times, esto corresponde a “la propaganda de la acción” donde la violencia se usa como performance, cuyo objetivo es “inspirar una reacción desmedida, inspiración y represalia”. Provocar violencia desmedida de los gobiernos que radicalice a más personas y amplíe el grupo de reclutas. Un círculo perverso que cuesta entender y más aún, saber cómo combatirlo de manera eficaz.
Entre las causas más probables, está sin lugar a duda, la construcción de países y guerras inventadas por occidente que, entre otros, no han respetado el carácter tribal de muchos de estos pueblos. En palabras de David Gallagher, “querer por la fuerza implantar democracias en países como Libia que nunca la tuvieron”, y en especial “la torpeza con que se manejó la invasión de Irak”, podrían ayudar a explicar el estado del arte.
El uso de armas de última generación introducidas por las potencias en el combate y luego como negocio lucrativo de unos pocos pero poderosos, encabritan el sistema. En dos palabras, se creó un monstruo de mil cabezas, ahora habrá que ver si hay espaldas, voluntad política y convicción para derrotarlo.
Por otra parte, la falta de sentido y trascendencia de la sociedad occidental, para algunos jóvenes europeos, hace que se sientan atraídos por estos grupos. Una generación joven impactada con la masificación de la tecnología y las armas, los videojuegos como caldo de cultivo e incentivo a lo violento y los medios como amplificadores.
En esto, el mundo parece estar inmerso en un juego de vida-video de realidad virtual. Un realismo escalofriante, donde se mata por una trascendencia que para estos jóvenes le da sentido a la muerte y donde ésta se transforma para los reclutas en el mayor logro a alcanzar. Es la lucha de David contra Goliat repetida al infinito. Es muy difícil poder combatir con las ideas, valores y armas tradicionales esta oleada de misticismo suicida. Donde el sentido a la vida, se encuentra en un culto a la muerte. Es como la vida al revés.

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