La vida de los otros

28 Mayo 2018   1506   Opinión   Mauricio Albornoz
Columnista Diario El Centro
Mauricio Albornoz

Decano Facultad de Ciencias Religiosas UCM

La vida de los otros (Das Leben der Anderen) es una película alemana del año 2006 dirigida por Florian Henckel von Donnersmarck. Recordé esta obra la tarde de ayer, cuando recojía lo que había sido mi día en la oración de la noche. Esto porque encontré tan distinto mi quehacer diario con todo el ajetreo mediático-eclesial que se promueve y vive en la misma cotidianidad que vivo yo, en estos días. 

Sin conocer en detalle la vida de cada uno de mis hermanos sacerdotes, imagino que en la gran generalidad se desarrolla de un modo parecido a la mía. Es nuestra vida, la vida de los otros, de aquellos que no somos noticia, de los que no estamos en la prensa, de aquellos que siendo pecadores y necesitados de Dios, no le interesamos a nadie porque quizá nuestra vida es muy normal. Entonces surge la pregunta ¿Qué es lo que mueve a alguien a interesarse tanto por la vida de los otros? Me refiero no al interés público que demandan determinadas acciones o delitos, ni tampoco al interés caritativo que debiera involucrar la cotidianidad de cualquier ser humano, sólo por humanidad. Sino a aquel interés que recorre las redes sociales de punta a cabo, y que hace interesarse por las últimas noticias de la Iglesia incluso a aquellos que jamáz pisan un templo, o que tienen una vida eclesial más llena de prejuicios que esperanza, o lo que es más extraño, aquellos que tiñen de ideologías la institucionalidad eclesial con manifestaciones y panfletos. ¿Qué será lo que en definitiva les interesa tanto, para desplegar una cascada de opiniones y descalificaciones sobre una situación doloroza y avergonzante que precisamente toca de un modo peculiar; la vida de los otros?
En fin, las posibilidades pueden ser muchas, y las respuestas también. Pero hay algo que permanece en todo caso, a nadie le interesa la vida de los otros, de los que no entran en la notoriedad pública, escándalo social, delitos pecaminosos y mucho más.
Mi única esperanza en esto, además de mi fe confiada en Jesucristo y su Iglesia, es que no predomine aquí una de las características fundamentales de nuestra sociedad de posverdad que se traduce en ideología. Aquella donde no importan víctimas sino que se utilizan, donde poco importa la persona, o las personas, sino el hacer prevalecer la idea que quiero empoderar, intentando confeccionar por todos lados una especie de control. Así, como en la recordada película, la idea sería poner a todo el mundo bajo sospecha, no importanto al final, realmente, la vida de los otros.