Las formas del patrimonio en el Maule

08 Octubre a las 21:03   469   Opinión   Jorge Valenzuela Cruz
Columnista Diario El Centro
Jorge Valenzuela Cruz

Arquitecto

El patrimonio es en la actualidad una de las modalidades de la política desde donde aun es posible producir discursos de carácter colectivo, lo cual deriva de la gestión de los significados que trazan tanto la identidad como la memoria de un territorio y sus habitantes. Es en este marco sobre el cual las políticas del patrimonio implementadas en Chile han configurado un determinado cuerpo simbólico, aquel que visualizado como un conjunto, logran delinear una narrativa que se extiende históricamente en tres fases: colonia, republica y modernidad.

 

 

 

Tal narrativa se observa en distintas ciudades del país, identificándose por la presencia de tres grupos de producciones urbano-arquitectónicas asociados al patrimonio: la colonial, presente en los asentamientos rurales de arquitectura sacra y patronal; el republicano, con el despliegue de una arquitectura institucional, educacional y en obras públicas, y, por último, el moderno, que ha adquirido protagonismo desde la valoración de la arquitectura pública, establecimientos educacionales y conjuntos de vivienda social. A partir de esta triada de relatos civilizatorios se ha provisto –también en el Maule– de una memoria de tipo hegemónica nacionalista, la que escasamente se intercepta con el principal recurso cultural de este territorio: el patrimonio campesino.

 

 

 

Esta divergencia se debe al giro en la actual concepción del patrimonio, el que deviene desde lo monumental a lo cultural a partir de la Convención UNESCO de 1972. Es la noción de cultura la que hoy permite ampliar y diversificar el registro de los bienes materiales e inmateriales de un territorio, incorporando prácticas de origen popular, o expresiones vivas propias de algún grupo social que le otorga valor. Ambos recursos, que emergen del convivir en un determinado paisaje, son por lo mismo, formas del patrimonio que definen también la identidad de cada territorio, puesto que expresan una diversidad cultural aun solapada en nuestro país.

 

 

 

Al detenernos en la situación del Maule, lo que emerge como su principal recurso cultural es el mundo campesino y su repertorio de tradiciones, siendo escasamente reconocidas por lo citadino. Es así como el repertorio simbólico de la ruralidad se ha reducido a explotar casi exclusivamente su recurso agroalimentario, esto es, aquella diversidad de productos agrícolas y el conjunto de platos que resultan de esta diversidad. A partir de esta ecuación es posible comprender como cultura y cocina proceden de un mismo origen, el trato entre humano y naturaleza: la agricultura.

 

 

 

 

Esta nueva mirada que vincula cocina y cultura dio origen al 1º Congreso Multidisciplinar de Patrimonio Alimentario el 2016 en Santiago, para proseguir consecutivamente en Arica y Parinacota, Valparaíso, Biobío y Magallanes.

 

 

No obstante, el Maule, conocida como tierra de tradiciones culinarias, aun no ha indagado sobre este patrimonio, limitándose a producir una puesta en escena bajo el formato de “fiestas tradicionales” que se replican a través de distintas latitudes del país y, particularmente, en el Maule. Es aquí donde se manifiesta aquel componente cultural que expone el mayor patrimonio de la región –la cocina campesina– sin embargo, el cambio de contexto del rito culinario, desde el campo al centro urbano, desliga esos sabores y aromas de un simbolismo donde prima la gratitud a la tierra, el pacto silencioso con las potestades naturales y el festejar tanta abundancia en comunidad.