Sábado, 23 de Marzo de 2019

Opinión

Las trampas de las élites

Rodolfo Schmal S.

Recientemente nos hemos enterado de un escándalo en universidades de élite estadounidenses al descubrirse que hijos de familias adineradas “compraban” la admisión de sus hijos mediante un sofisticado sistema de sobornos.
El método, llamado La Llave, fue ideado para ingresar a prestigiosas universidades de clase mundial a quienes no reunían los requisitos para ingresar por el sistema de admisión regular. Entre estas universidades destacan la Universidad de Georgetown (Washington DC), Universidad de Stanford (Palo Alto), Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y Universidad de Yale (Connecticut).
Gente de mucho dinero, no escatimó gasto alguno para sobornar, para que se le abriera el ingreso a los suyos, no importando la vía para saltarse las elevadas exigencias académicas para ingresar a estas universidades. Nada nuevo bajo el sol. No se trepidó en mecanismo alguno, mal que mal, el fin justifica los medios, “con plata se compran huevos”. Sin embargo, lo que le da realce al escándalo es que abarca al jetset, a la creme de la creme, y en las barbas mismas del país cuyo culto al dinero raya en la idolatría. Culto que se extiende a los países que quieren seguir sus pasos, entre los cuales destaca Chile.
Mientras las capas pobres y medias, deben hacer fila, endeudarse, cumplir con las exigencias y protocolos establecidos formalmente, los de arriba, se los saltan sin arrugarse a cambio de no pocas monedas, capaces de abrir puertas vedadas para el común de los mortales.
Para implementar el sistema se montó una empresa encargada de “asesorar” las solicitudes de ingreso a las universidades (The Edge), y una fundación sin fines de lucro (The Key) para que los pagos se hiciesen bajo la modalidad de “donaciones altruistas”. La empresa asesora se encargaba de arreglárselas para que los hijos pudiesen ingresar a las universidades que querían. El cerebro de este sistema es un tal William Singer, quien cobraba entre 15 y 75 mil dólares por sus servicios, los cuales eran de dos tipos.
Uno de ellos era el destinado a manipular los exámenes que las universidades exigían a quienes eran admitidos, ya sea por la vía de alterar las respuestas dadas o por la vía de que otra persona rindiera los exámenes. Toda trampa tenía su precio. Otro servicio se basaba en hacer uso de cupos deportivos, esto es, para quienes eran deportistas destacados. Por esta vía Singer lograba que personas que no habían practicado deporte alguno en su vida, pasaran como deportistas destacados a punta de la construcción de perfiles de jugadores, certificaciones y diplomas falsos de alto costo.
Así, Singer obtuvo “altruistas” donaciones a punta de fraudes y sobornos que, desde el año 2011 hasta la fecha, superan los 25 millones de dólares. A la fecha, junto con Singer, han sido detenidos ya más de 30 padres, entre ellos, un chileno.
Lo expuesto da cuenta de una ideología, que cree que todo se puede comprar a como dé lugar, máxima que inunda al mundo neoliberal. Es un imperativo revertir esta lógica por nuestra dignidad, nuestra salud, nuestro bienestar y nuestra felicidad.

Volver a opinión