Lectura estimulante

07 Abril   467   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

Hay ocasiones en que la holgura de un tiempo libre imprevisto, permiten que repasemos con nuestra mirada y con detenimiento los títulos de los libros que tenemos en nuestras estanterías. Cada autor, despierta recuerdos y nos vuelve ese anhelo de saber, de seguir descubriendo horizontes, tanto en el pasado, el arte o el pensamiento.
Hay entre los libros que conservo, algunos que son de lecturas frecuentes. Cada cierto periodo, los vuelvo a abrir, a repasar sus hojas, algunas con anotaciones mías, que marcan etapas vividas o modos de compresión. Es claro que según el momento que estemos viviendo, la obra que leemos, cobra siempre una nueva significación.
Pero esta vez, disfruté un texto que había leído hacía años, publicado en los años 20 del siglo pasado. Me sorprendió la vigencia y actualidad de las reflexiones, de carácter filosófico, espiritual y religioso. Un hablar directo, claro, haciendo entrar al lector a lo más hondo de la interioridad personal, mostrando dimensiones sorprendentes, que nos afincan en convicciones sostenidas a lo largo de los años.
Se trata de una de tantas obras maestras, que perduran a la temporalidad. Algo transcendente encontramos en una afirmación, en la propuesta que abre la inteligencia y el sentir, en los enfoques verdaderamente estimulantes. Es el encuentro con la verdad sencilla, simple, cotidiana. Que se manifiesta en el modo de cómo vivimos. Un lugar, un escritorio o el patio del hogar, puede constituirse en atalaya para visualizar perspectivas desafiantes, nobles, bellas.
Lectura estimulante y de disfrute ha sido el ejemplar de Romano Guardini que aquí comento, un conjunto de tres charlas dadas a la juventud alemana, entre las dos guerras mundiales, con las secuelas de horror y dolor, y en medio de los grandes trastornos que la ciencia y la tecnología en el mundo moderno, han significado hasta el presente.
Allí ya está a la vista lo indispensable de recuperar la misma humanidad para que el planeta no sucumba a los desvaríos de la planificación que sacrifica a la persona concreta y la convierte en número. Son enseñanzas para no olvidar.