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Opinión

Legado de solidaridad

Ervin Castillo A.

Fundación Talca

Hace unos días, nuestro país ha recordado con sentimientos encontrados el séptimo aniversario de la partida de las 21 personas que se dirigían hacia el Archipiélago Juan Fernández por motivo de las obras de reconstrucción lideradas por la Fundación Desafío Levantemos Chile en la zona, ello tras la catástrofe ocurrida el año 2010.
Sentimientos encontrados, claro, por un viaje que nunca llegó a puerto, con la pérdida de personas que nos enseñaron y legaron mucho, dejando un testimonio humano incalculable que no puede olvidarse, sobre todo pensando en las nuevas generaciones.
Sin lugar a dudas, en las figuras de los dos Felipe, Cubillos y Camiroaga, podemos reflejar aquellos valores con los que nos quedamos de cara al futuro, y del cual todos estamos llamados a extraer profundas enseñanzas.
Cubillos, un abogado que pese a sus múltiples capacidades en lo académico que lo llevaron a especializarse en el ámbito económico, llegando a ser Decano de una prestigiosa Facultad, optó por lo difícil, comprometiendo su capital profesional para poner sus talentos al servicio del país, en especial de uno golpeado por el desastre natural en zonas de personas de tanto esfuerzo y sacrificio que vieron perder todo.
Felipe “El Navegante”, fue pieza clave en el levantamiento de Chile, particularmente en la Región del Maule, donde trabajó volviendo a poner de pie a caletas, escuelas y puestos de trabajo en general, brotando de nuevos aires a familias cuya desolación llegaba a niveles extremos.
Cubillos nos enseñó de amor por Chile y su gente, de cómo hacerse cargo de la solución de las problemáticas a través del liderazgo de propuestas e ideas innovadoras por medio de los órganos de acción de la sociedad civil, sin esperar que el estado se hiciera cargo de todo. Cubillos nos habló de disciplina y a la vez de sueños, de esperanza, de no darnos por vencidos sin haberlo intentado.
Camiroaga, por su parte, destacado comunicador chileno, ligado a nuestra región a través de la Comuna de Villa Alegre, que más allá de todos sus premios y galardones por ser uno de los animadores más queridos del medio local, puso anónimamente su solidaridad al servicio de quienes menos tenían.
Nunca quiso que se hiciera público, pero hoy por el testimonio de cientos de familias a lo largo del país, podemos conocer de la gran ayuda y aporte que el decidió brindar a distintas personas que necesitaban de una mano amiga, de una voz acogedora que pudiese solventar ciertos eventos, poniendo de pie a familias enteras.
En el rostro humano de Cubillos y Camiroaga, podemos sacar lo mejor de lo nuestro, de esa solidaridad que no se reduce a un mero aporte económico para después no vernos más, sino en el compromiso orientado a constituir una sociedad verdaderamente humana, en donde sí nos importa el que está al frente, sus problemas, necesidades y anhelos. Esa es la sociedad que ellos construyeron y que la soñaron para los nuevos chilenos del siglo XXI. En tiempos en que el excesivo individualismo y la avaricia nos hacen perder la brújula, recordemos en cada uno de nuestros actos el testimonio de estos grandes chilenos que nos dejaron físicamente, pero que viven en nuestros corazones, y cuya llama se resiste a ser apagada.

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