Leña y cultura maulina

13 Junio 2018   1178   Opinión   Jorge Brito Obreque
Columnista Diario El Centro Jorge Brito Obreque
Jorge Brito Obreque

Junta de Adelanto del Maule

Si bien no hay estadísticas de los orígenes de su uso, se puede pensar que la leña ha acompañado el desarrollo de la región y de sus habitantes desde tiempo ancestrales. Su utilización está muy arraigada en la cultura y en el quehacer de los habitantes de la Región del Maule.

Al menos eso se constata especialmente en sectores rurales en dónde su uso se niega a desaparecer, pues así queda de manifiesto en algunos estudios del rubro que señalan que al menos 90 de cada 100 hogares de sectores rurales se abastece de ella mediante la recolección o el autoabastecimiento, lo que habla de su importancia en la economía familiar campesina y en la sustentabilidad que este recurso ha debido desarrollar a través del paso del tiempo.
En este contexto, su uso en el sector rural está tan arraigado que basta con señalar que en 87 de cada 100 hogares la leña se utiliza con fines de calefacción, con un consumo promedio de 8,6 metros cúbicos al año.
Junto con la migración campo-ciudad que ha caracterizado el desarrollo demográfico regional, una de las tradiciones culturales que también se ha trasladado hacia la urbe ha sido la utilización de este recurso para la calefacción de los hogares urbanos. Un estudio de INFOR de 2018 señala que la utilización de la leña como medio de calefacción ocurre en 47 de cada 100 hogares urbanos, seguidos por el gas licuado, la electricidad, la parafina y el carbón, pero en menor ocurrencia.
Para el Maule la producción de leña es importante como fuente de desarrollo económico y laboral, genera más de 8.500 empleos, ya que, al producirse 1.000 metros cúbicos, se generan 6 empleos directos a través de su cadena de producción, lo cual no es menor, si se considera que para calefacción residencial se venden 1.800.000 metros cúbicos de leña al año.
Este escenario demanda por parte de las autoridades regularizar este rubro, declarando a la leña como combustible, lo que traerá recursos para fiscalizaciones más eficientes, aumento de los tributos, educación al consumidor e incorporar a comerciantes informales a un sistema de producción estandarizado, transparente y amigable con el medio ambiente. El desafío entonces es avanzar en un marco regulatorio que garantice la producción de leña certificada que promueva un desarrollo sustentable en el tiempo.