¿Ley pareja?

30 Julio 2018   1186   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

A la gran mayoría repugnan las excepciones, preferencias y privilegios fundados meramente en la discrecionalidad o el simple arbitrio de quien tiene en sus manos las decisiones. Esto, a propósito del permiso concedido el fin de semana recién pasado a Celestino Córdova, reo condenado por el delito de incendio con resultado de muerte en el caso del asesinato del matrimonio de ancianos Luchsinger-Mackay.
El permiso, que se fundamentó en motivos religiosos y para el cual hubo que hacer un despliegue de 150 carabineros, 110 gendarmes, buses, helicópteros y carros blindados, ha sido motivo de polémica y críticas mayoritarias.
¿Tienen todos los presos de Chile permiso para asistir a actividades relacionadas con sus creencias?
¿Los presos católicos podrían solicitar permiso para asistir a la procesión de la Virgen del Carmen, de la que son muy devotos? ¿Podrían los presos evangélicos ser autorizados a salir el 31 de octubre, cuando celebran su Día Nacional? Si tenemos (supongo que sí los hay) presos musulmanes, ¿tendrían permiso para salir durante el Ramadán? ¿O, al menos, a celebrar su término? Los presos judíos ¿podrían gozar de libertad el día que conmemoren Hánuka?
El reo en cuestión, Córdova, ha sido condenado por un crimen atroz, de eso no hay duda. Pero nuestras cárceles están llenas de presos por delitos bastante “menores” que ese: narcotráfico, estafas, cuasi-homicidios en accidentes de tránsito, y hasta venta de cd’s pirata. Es más, los recintos penitenciarios están llenos de personas privados de libertad de manera preventiva, mientras se desarrolla la investigación del supuesto delito que se les imputa, y del que podrían resultar inocentes. A todos ellos, cuya falta u ofensa a la sociedad es de menor gravedad que aquella por la cual se condenó a Córdova (y por eso su condena podría ser menos gravosa) ¿no se les podría conceder permiso para una breve salida, fundado en motivos religiosos?
Y los motivos en los que se podría fundar esa salida ¿no podrían ser de otro tipo? Si hay un militar preso (hay muchos, y de edad avanzada) ¿no podría ser autorizado a asistir a la Parada Militar, que seguramente para él constituye una ocasión muy querida? Si hubiera (me temo que los hay y habrá más) sacerdotes presos ¿no podrían ser autorizados a salir para concurrir a alguna misa?
Y, sin querer exagerar en un tema tan serio como este, un preso en prisión preventiva por un delito menor, ¿no podría tener permiso para celebrar junto a sus hijos el Día del Niño próximo? ¿Y Navidad? ¿Y Año Nuevo? Recuerdo que se autorizó a este mismo reo, Córdova, a celebrar dentro de la cárcel el We Tripantu (Año Nuevo mapuche). ¿Se autorizará a otros reos a conmemorar fechas religiosas significativas?
Pese a que tantos quisieran tener un permiso similar, es de esperar que esta excepción odiosa no se repita con los otros miles de personas privadas de libertad. Esto, por un mínimo de respeto a las víctimas, que son los olvidados de siempre.