Sábado, 15 de Diciembre de 2018
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Opinión

Llegando a Un mundo feliz

Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

La realidad, siempre, supera la fantasía. A veces se tarda un poco, pero al final las novelas, películas y demás relatos futuristas se quedan cortos al contrastarlos con el devenir actual.
Así está ocurriendo ahora, casi 90 años después de que el británico Aldous Huxley escribiera su famosa novela “Un mundo feliz”, la que durante años fue entendida como una distopía, una descripción de un improbable mundo futuro repulsivo.
Decía Huxley en aquella novela que, en el futuro (la escribió en 1932), la sociedad habrá erradicado todas las enfermedades, la decadencia de la vejez, el hambre y la violencia. En aquel mundo que él describe, los seres humanos serían incubados en probetas y diseñados de acuerdo a las necesidades que la sociedad tuviera. Tantos obreros, tantos ingenieros, tantos deportistas, etc. Tanta gente concebida para climas fríos, otros tantos para ser marinos o pescadores, algunos para trabajar en túneles y otros que estarían “diseñados” para preferir el aire libre. Ninguno enfermaría, ninguno sería inadaptado, nadie se sentiría disconforme con su vida, porque esa vida se amoldaría a su genética. Más bien su diseño genético habría sido prediseñado para la vida que ese ser humanos habría de vivir. En conclusión, decía Huxley, todos serían felices porque la felicidad se basa en vivir una vida sin carencias, contrariedades ni desagrados. Así imaginaba este inglés, hace 86 años, que sería el mundo del futuro. Y el futuro se acerca. Ya casi está aquí.
Pareciera que nosotros nos encaminamos, muy de prisa, a ese porvenir que imaginó Huxley. Porque las noticias que llegaban la semana pasada desde China nos trajeron de inmediato el recuerdo de la novela citada. Decía la prensa que un médico chino, He Jiankui, señaló en un congreso de genetistas celebrado en Hong Kong la última semana de noviembre que él habría logrado “diseñar” unos seres humanos. Que, mediante la intervención en el ADN de unos embriones, habría conseguido hacerles inmunes al VIH. Y que esos embriones, unas gemelas, implantados en el vientre de su madre, ya habrían nacido, convirtiéndose así en los primeros seres humanos genéticamente intervenidos. Diseñados. Y dijo que en los próximos meses nacerá otro.
La polémica mundial que las declaraciones del médico desataron en el ambiente científico ha sido grande. Y si bien ha habido consenso en recriminarle su actuar, que viola completamente la normativa científica que restringe severamente la experimentación con embriones humanos, lo cierto es que el procedimiento ya se hizo. Y, en los parámetros fijados por el propio médico, fue exitoso.
¿Qué vendrá ahora? ¿Embriones diseñados para ser inmunes a la malaria, futuros obreros de zonas tropicales? ¿Seres humanos más resistentes al frío y que puedan poblar zonas polares? ¿Personas a quienes no guste la vida al aire libre y que se sientan cómodos viviendo y trabajando en subterráneos? ¿Seres humanos a pedido de las empresas, de los ejércitos o de los clubes deportivos?
Huxley sonríe, donde sea que esté.

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