Llévame a volar…

12 Noviembre 2018   1837   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

En poco más de un mes (el 21 de diciembre) se cumplirán los cincuenta años desde que la nave Apolo 8 se convirtió en la primera misión tripulada en salir de la órbita terrestre, orbitar la Luna y regresar a la Tierra. Sus tripulantes, Borman, Lovell y Anders, se convirtieron en los primeros seres humanos en salir de la órbita terrestre, los primeros en ver nuestro planeta completo, los primeros en observar el lado oscuro de la Luna y, finalmente, los primeros en ver el amanecer de la Tierra desde la Luna.
La histórica imagen que obtuvieron de nuestro planeta visto desde el espacio se convirtió en una de las fotografías más reproducidas de la historia y, sin duda, cambió para siempre la concepción que teníamos de nuestro mundo. La fragilidad que transmite esa imagen, un punto azul pálido en medio de la inmensidad del espacio, hizo que años más tarde el astrónomo, astrofísico, cosmólogo, astrobiólogo y divulgador científico Carl Sagan, que tantos de nosotros veíamos en su famoso programa “Cosmos” expresara: ““Nuestro planeta es una solitaria mota en la gran oscuridad cósmica que nos envuelve. (…) En toda esta vastedad, no hay ninguna prueba de que ayuda alguna vendrá de ningún sitio para salvarnos de nosotros mismos”.
La astronomía se ha vuelto a poner de moda en estos días. No sólo en Chile, donde esos textos de divulgación y fácil comprensión baten record de ventas, sino en el mundo entero. Contribuye a este renaciente interés la certeza de que una nueva etapa en la carrera espacial ya está lanzada. Y el planeta Marte, la próxima frontera, como dice el sugerente título de uno de aquellos libros superventas, se ha convertido en un objetivo inminente.
Por cierto, las características y el contexto en que se dará esta nueva competencia no serán las mismas, ni siquiera parecidas, a las que tuvo la otra, aquella por la Luna, de la que conmemoraremos el cincuentenario de su culminación el año próximo. El mundo está lejos de la bipolaridad de aquel entonces. La guerra fría entre las superpotencias ha dado lugar a una pugna con numerosos actores. Estados Unidos, China, India, Rusia y Europa están hoy empujando con fuerza sus planes rumbo a Marte. Pero la gran novedad de esta ocasión es que, a las entidades públicas, las agencias espaciales de los países nombrados, se agregan hoy corporaciones privadas establecidas por empresarios multimillonarios como SpaceX, de Elon Musk, Blue Origin, de Jeff Bezos y Virgin Galactic, de Richard Branson.
Así, ante la inminencia de un hito de tanta trascendencia, cabe preguntarse no acerca del cómo o el cuándo, sino el porqué de tal emprendimiento.
Sea que la exploración interplanetaria responda a intereses científicos o económicos, sea una iniciativa gubernamental o privada, lo importantes es que mediante ella la humanidad intenta satisfacer dudas científicas, resolver problemas económicos y, más importante, intentar encontrar compañía en la soledad inmensa del universo infinito.