Los años pasan en vano

13 Septiembre 2018   1247   Opinión   Ervin Castillo A.
Columnista Diario El Centro Ervin Castillo A.
Ervin Castillo A.

Fundación Talca

Que “los años no pasan en vano”, es una de esas frases que los chilenos solemos emplear en nuestro lenguaje diario.
En el análisis político, más precisamente al cumplirse 45 años del golpe de Estado de 1973, los años parecen pasar más bien en vano, alzándose para las nuevas generaciones el imperativo de plantearse y reflexionar acerca de varios fenómenos que vemos, tristemente, reverdecer por estos días.
Los hechos de violencia por parte de determinados grupos, la profanación de tumbas de personajes de la época o el sencillo pero cotidiano ataque virulento por redes sociales, entre moros y cristianos, entre los que aún osan por defender a ultranza a una u otra posición, develan a ese Chile que no ha aprendido, que no ha sacado las suficientes y necesarias lecciones para que en el futuro no se vuelva a tropezar con las mismas piedras.
El sentido común y la convicción de proteger nuestra convivencia cívica y democrática debiese ser un eje rector de quienes deseamos ser parte del espectro público, alejados así de las viejas odiosidades del pasado, que enfermaron de tal manera a nuestra democracia, haciéndola terminar en un clima de hostilidades con las consecuencias ya conocidas por todos.
El Partido Socialista y vastos sectores de izquierda se equivocaron y requieren solicitar el perdón al país y a las generaciones entrantes por sembrar odio y por legitimar la vía armada como método legítimo de expresión política, las Fuerzas Armadas y las fuerzas políticas-civiles ligadas a la dictadura militar también, por violar sistemáticamente los derechos humanos, aprovecharse a mansalva de los espacios de poder tomados, restringiendo libertades y derechos básicos por casi dos décadas, y también en su etapa final, por ver constreñidas sus labores con una delicada situación vinculada a la falta de transparencia y segmentos no menores de corrupción.
Para la construcción de un debate y de una política a la altura de los desafíos de este siglo, se requiere cerrar toda puerta con la justificación a cualquier tipo de violación de los derechos y prerrogativas fundamentales de todo ser humano, y al mismo tiempo, abandonar la falsa bandera de superioridad moral en la materia, sobre todo cuando, al indagar ligeramente por la historia de Chile y el mundo, ciertas fuerzas pueden resultar dañadas por la no presencia de credenciales democráticas en el tiempo.
En la centro derecha, esperamos aportar a un proyecto republicano, que tome nota de los errores y horrores del pasado. Ojalá, en buena hora y desde el frente, puedan caminar en la misma dirección. Así, y de una vez por todas, los años dejarán de pasar en vano, habiendo hecho lo suyo.