Los libros, presencia y compañía

28 Abril   402   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

El libro fue siempre honrado como un preciado valor en mi hogar. De niño solo miré los títulos en las estanterías. Me resultaba muy difícil la lectura, por la dislexia. Pero, de tanto ver los libros, llegué a memorizar la ubicación de cada uno. A veces, me atreví a hojear unas páginas, y así entré en sus magníficos secretos... En las tardes de silencio, comencé, de a poco, a romper mi dificultad. Que los libros estuvieran ahí, presentes, como esperando ser descubiertos, fue una incitación constante para lanzarme a la lectura y vencer mis aprietos.
Puedo decir que los libros se han vuelto compañeros. Mi padre, los tuvo como tales y constantemente llevó un libro en sus manos. Los tópicos de sus lecturas eran vastos. Eso sí, tuvo predilección por la poesía y la literatura.
Al iniciar mis estudios en la Universidad de Chile sobre Historia, hice de mis primeros libros. Formé con esfuerzo una pequeña biblioteca, buscando con gusto entre las librerías de libros viejos y usados. El carácter de mi formación, me familiarizó con la hoja impresa, y conozco lo que significa privarse de un placer por adquirir tal o cual ejemplar curioso o de un autor difícil de encontrar.
Es que los libros, son presencia y compañía.
Uno los lleva a cuesta en toda circunstancia, sobre todo, cuando toca esa agobiante tarea de traslado de casa u oficina. Ahí viene el embalaje y volver a mirar los volúmenes que se poseen. Es común, en esos casos, el extravío de algún texto, justo aquél al que se tenía especial cariño... También sufrimos al perder obras cuyas ausencias de la colección son irreparables. Es que los libros son nuestros testigos mudos de etapas y conquistas, de recuerdos y emociones.
Como quiera sean las experiencias con los libros, quien los conserva, aunque sean pocos, compartirá conmigo que ellos abren horizontes, estimulan, despiertan la imaginación, avivan el pensamiento y el sentir. Provocadores son los clásicos, poniéndonos en contacto con la genialidad humana y los grandes enigmas de la vida, del saber y de las ciencias, del bien y la belleza. Los autores chilenos, por su parte, retratan lo nuestro en múltiples obras. La literatura universal brinda tesoros de arte, historia, modelos de vida, filosofía y teología.
Queda mucho para hacer de la lectura un buen hábito. Hoy se ofrecen al mercado abundantes y finas publicaciones, pero de escaso nivel... El libro físico, en cambio, no compite en la era digital con las modernas ediciones virtuales. Porque el libro es acontecimiento personalísimo, que se toma en las manos... Es el encuentro del lector que recrea lo que duerme en las letras impresas. El gusto por la lectura, entonces, no brota por campañas ni imposiciones. Basta tener los libros presentes a la curiosidad. Después vendrán las afinidades y las exigencias.