Martes, 25 de Septiembre de 2018
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Opinión

Los mordiscos de Villegas

Abraham Santibáñez

Premio Nacional de Periodismo

Aunque no es periodista, Fernando Villegas es un comunicador excepcional. Observador agudo, implacablemente ingenioso, ganó popularidad por su lenguaje afilado. Pero, lo que pudo granjearle lectores y auditores, le pasó una dura cuenta cuando, como en la historia del emperador, se vio que su ropaje no lo protegía del todo: “¡Está desnudo!” fue la feroz observación que se formuló casi unánimemente tras el reportaje publicado por The Clinic, en donde periodistas, productoras y maquilladoras lo denunciaron por acoso sexual y maltrato laboral.
Su primera reacción fue bajarle el perfil a las acusaciones: “Lo que yo hacía era lo que hacen millones de chilenos, que es echar la talla y de repente piropear a una niña”. Fue lo que suscribió, con mala fortuna, quien dijo que era “un perro que ladra pero no muerde”. Lo malo es que sus expresiones han sido a menudo peores que mordiscos.
Respecto de la publicación de The Clinic, aseguró que era “un reportaje charcha”. “Tú puedes adjetivar como quieras una mirada, puedes subirte al bus del feminismo, y sentirte que eres heroína y mártir del movimiento feminista, pero no es nada más que eso. Hablen con la gente que trabajaba conmigo, o sea, si el día de mañana resulta que un piropo es un pecado mortal, estamos sonados”.
El asunto es más complejo.
A lo largo de sus años como comentarista, Villegas creó una imagen conflictiva en torno suyo. A Carmen Gloria Quintana, la sobreviviente del caso quemados en dictadura, la descalificó fríamente, planteando que la reconciliación, si antes lo fue, ya no es tema en Chile, que “pasó la vieja”.
Quien mejor ha profundizado en su compleja personalidad es la periodista Sabine Drysdale. En un reportaje para Paula en 2015, obtuvo un fiel retrato de boca de Ivette Duhau, su esposa: “Dice que es tímido, educado, que nunca reclama por la comida, que el ruido lo pone frenético, que rehúye de la vida social… que no le gusta que le discutan sus ideas y que –aunque se hace el duro– le duelen, y mucho, las críticas que recibe por sus comentarios”.
Villegas estuvo de acuerdo: “La capacidad de simpatía no es mi fuerte”. Aunque esta actitud le ha dado buenos frutos a más de un opinólogo, incluyéndolo a él mismo, le ha deparado pocos afectos.
Lo grave fue que el reportaje de The Clinic, en medio del fervor feminista como él mismo dice, mostró un flanco ante el cual no hay cómo defenderse. Al decir que su conducta grosera es la misma de “millones” de chilenos, se equivocó rotundamente.
Antes de este episodio, su esposa le había contado a la periodista Drysdale que: “Fernando tiene esa cosa como que se sube arriba de un árbol y analiza las cosas desde ahí. Pero nosotros estamos aquí. Siempre le digo: ‘bájate del árbol’”.
Cuando se inició la entrevista con Villegas, la periodista le espetó: “Tu mujer dice que miras el mundo desde arriba de un árbol”. Su respuesta fue un notable compendio de su actitud frente al mundo, en un país que-según dijo- no le merece mayor respeto: “Nunca me ha gustado mucho mi propio país, y eso me pasa desde niño, porque desde niño tuve la misma dificultad para tratar con los demás porque estaba arriba del árbol como dice mi mujer”.
Ahora, al parecer, deberá bajarse y ponerse al mismo nivel que el resto de los chilenos.

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