Domingo, 17 de Diciembre de 2017
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Opinión

Los nuevos dioses

Ignacio Cárdenas Squella

Periodista

Me ha resultado una curiosidad una especie de realismo mágico que hemos constatado luego de los resultados de las recientes elecciones ya que han renacido unos nuevos semidioses que parecieran estar en un grado superior al humano común. Algo así como semidioses de la mitología griega que se configuraban como tales a partir de una relación lujuriosa de un Dios y un ser humano.
No me refiero a nadie más que a los vencedores que capturaron el 20% de los votantes y que hablan como desde las alturas, ciertamente mucho más elevada que la tarima de un profesor o erudito que enseña a su audiencia. Algo así como si sus sentencias (reducirlas a opiniones podría ser ofensivo) las cantaran desde la Castalia de Apolo.
Debo reconocer que son serios, la sonrisa parece ser un don no fecundado en la demasía sexual que los engendró. Si aterrizamos esta metáfora se nos figura al diputado Boric descendiendo del monte Sinaí, calmado, racional, trayendo la nueva y correcta ley a la plebe, a los comunes no virtuosos. O también al diputado Jackson, algo más acicalado, calvo e impetuoso, montado en el carro de fuego del profeta Elías, pero igualmente mostrando LA verdad, su verdad.
Como no tengo alas y piso diariamente la misma calle de los mortales y mal hablo (creo) el idioma de todos, simplemente debo decir lo que mi interior me expulsa: ¿Qué se han creído estos mocosos soberbios, impolutos, representantes de una minoría (veinte es menos que 80) a venir a darnos clase de lo que hay que hacer y reprocharnos todo lo mal que lo hemos hecho?
Ciertamente es demasiado. Tantas veces he escrito que la vida sin sueños es un letargo y, muy especialmente, si de ello adolecen los jóvenes. Admiro hasta los delirios cuando están llamados a alertar la somnolencia social, pero cosa muy distinta es lo que sucede con esta nueva estirpe política que ha capturado escaños gracias, precisamente, al empeño y desvelo de tantos que lograron terminar con el binominal; sin ello seguirían conociendo el Parlamento desde fuera.
De un plumazo borran casi 30 años en que este país ha cambiado para bien de manera enorme, como también de un plumazo quieren acabar con las AFP y las Isapres, tener nueva Constitución, educación universalmente gratuita, como si todo ello no fuera el deseo de estos viejos de mierda que sufrimos para que tuvieran la democracia de la que hoy gozan, que logramos que el campesino mirara al patrón, que tanto derecho laboral perdido se recupere, que la justicia social y las oportunidades estén más cerca de los que más la necesitan.
¡Qué se creen!
Abusan de la certeza que no tendrán la guitarra para tocarla y olvidan los desvelos de las generaciones que los antecedieron para llevar a puerto sus mismas banderas pero con la responsabilidad de tener el poder, que no es total, y no sacrificar al país. Están gozando su momento de gloria que les durará menos que un peo en un canasto si no son capaces de aquilatar los sueños con la realidad y la soberbia con la humildad de los que, compartiendo sus sueños, porque los creemos justos, luchamos para no dejarlos en solo ilusiones. No se trata de avanzar caminando de la mano del miedo, pero tampoco terminar desbarrancados por no reconocer la fuerza de los poderosos.

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