Los nuevos luditas

18 Marzo   365   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

Se llamó luditas a aquellos trabajadores que, en la segunda década del siglo XIX, comenzaron a atacar y destruir las máquinas que se diseminaban por Gran Bretaña y gran parte de Europa, en los tiempos del auge de la Revolución Industrial. Lo que estos hombres pretendían con sus atentados, que fueron muchos, era protestar contra esos artefactos que les estaban privando de sus trabajos y cambiando su forma de vida. La mayoría de los luditas, cuyo nombre deriva de Ned Ludd, un artesano que habría iniciado estos ataques, era parar el desarrollo del maquinismo y el nacimiento de las industrias, por considerar que las máquinas eran sus adversarias.
Demás está decir que, pese a sus violentos esfuerzos, el industrialismo se impuso y millones de artesanos se convirtieron en obreros, surgiendo al mismo tiempo, miles de nuevos oficios y profesiones al servicio de aquellas máquinas.
Todo lo anterior, a propósito de los cambios que están ocurriendo en la economía y la sociedad toda, con una velocidad vertiginosa y una fuerza imparable.
¿Se ha percatado el Lector que algunos Supermercados están instalando unas modernas cajas en que el propio cliente identifica la mercancía, paga el precio y empaca su compra? ¿Ha notado Ud. que todas las multitiendas están ampliando la sección de retiro de productos comprados on line? ¿Ha visto que los bancos extienden cada vez más las operaciones que puede usted hacer desde su casa, su computador o su teléfono? ¿Ha pensado usted que los polémicos nuevos medidores domiciliarios de electricidad, prescindirán del personal que tomaba la lectura, mes a mes, casa por casa?
Los ejemplos siguen, pero el lector ya habrá advertido lo que quiero ilustrar. Una cantidad creciente de empleos, oficios y profesiones, que antes eran comunes y numerosos, están en franca retirada. Los carteros, cajeros, dependientes de comercio, ejecutivos bancarios y cientos más, están comenzando el camino de la extinción. ¿Deberíamos convertirlos en “especies protegidas”?
Los países escandinavos, cuyas políticas sociales están a años luz de nosotros, han acuñado una suerte de lema frente a esta problemática. Ellos dicen: “hay que proteger a los empleados, no a los empleos”. Si hace un siglo nuestras bisabuelas lavaban en artesas, con agua y jabón, hoy debemos fabricar lavadoras, centrífugas, secadoras, detergentes, líquidos de prelavado, suavizantes, desmanchadores y más. Es decir, el fabricante de artesas dio paso a los obreros que producen lavadoras y aquel que hacía el jabón, hoy se ha convertido en quien hace el sinfín de productos citados.
Nada se saca con luchar -como los luditas- contra las máquinas, contra la modernidad de las tecnologías de información y comunicación. No se trata de oponerse al comercio electrónico, cajeros automáticos o cursos on line. Se trata, más bien, de esforzarse por brindar oportunidades de reconversión, estimular la creación de nuevas profesiones y ser receptivo, no refractario, frente al cambio. Ver en él una oportunidad. Pensemos que se inician tiempos de recambio y conversión y no, como nuevos luditas, de una inexorable y fatal extinción.