Viernes, 15 de Diciembre de 2017
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Opinión

Los valores

Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

A menudo costumbres y apreciaciones sin vigencia en la actualidad reciben juicios diferentes. El discurso, a veces, sólo se orienta a los “propios valores”. Según esto, los valores serían fruto de meras decisiones, gustos y tendencias personalísimas. Por eso el derecho a la “diversidad valórica”. Que cada opinión es válida…

¿Pero qué son los valores?

El valor está en algo o en alguien que recibe por nosotros la estimación, el afecto, comprometiendo la vida. Esto ocurre porque en sí lo valioso pide de mí el respeto y la honra que de suyo posee, solicita mi adhesión. Me inclino, entonces, ante el valor que trasciende a prejuicios e intereses de un determinado círculo. No se trata de “precio”.

Es que la persona,  posee dignidad. No tiene precio, según dice Kant. Las cosas útiles tienen precio; la persona, en cambio, es un “fin en sí misma”, y posee “dignidad”. Su valor no es de cosa. La dignidad es la cualidad del valor radicado en la persona. Por eso la persona no puede usarse jamás como medio o instrumento útil. Eso es manipulación.

Así, pues, los valores son; se tienen o no se tienen; se cultivan o se descuidan. Ellos constituyen la dignidad de la vida humana, su sentido más profundo; en su ámbito vale la pena conformar la conducta. Ahí están la honradez, la veracidad, la justicia, el respeto, el amor, el bien común, etc. Es que los valores se hacen patentes en las acciones con las que el hombre imprime su sello. Así relucen y se manifiestan. Son el soporte del convivir social. Los valores inspiran y expresan las obras de la cultura y las creaciones históricas.

Pero la valoración es lo que el sujeto aprecia según su punto de vista, agrado u opinión, que puede ser más o menos acertada. Habrá valoraciones mayores o menores de la vida, del arte, del deporte; de la justicia o de los derechos humanos. Hay valoraciones políticas y también en el mercado financiero. Pero queda a la vista que no siempre las valoraciones mías o las de un grupo determinado hacen justicia a los valores y al hombre mismo.

Apreciar en su real valor la honestidad, la cortesía, el derecho al trabajo y a los bienes básicos, es una marcha que nunca cesa, en gradual clarificación de la conciencia. Esto implica discernimiento del valor como un bien querido, opciones y sacrificios, por lo que vale la pena vivir...

La vida fecunda se realiza en la búsqueda y obrar del bien honesto, que perdura. En cada tiempo el hombre está llamado a honrar los valores que dimanan del bien. Allí la existencia alcanza su plenitud y belleza.

La persona valerosa y fuerte se hace más libre cuando escoge el bien mayor, por encima de intereses y las contiendas de poder.

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