Luz y calor de verano

06 Enero   370   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

El calor marca el ritmo de las horas y los oficios. La gente se viste con ropa liviana y las figuras de sus cuerpos se exhiben de variadas formas. Llama la atención el colorido y diseño, donde está presente el ánimo vivo y jovial. En las veredas y paseos, las personas se detienen para beber un refresco, tomar helados, o servirse un mote con huesillos.

El clima se disfruta principalmente a la sombra, donde el follaje de los grandes árboles en las plazas y las alamedas, ofrece la gracia de sentir la suave brisa y gozar del espectáculo conmovedor. Distiende caminar por los espacios abiertos y ver correr a los niños que juegan libres y alegres en sus barrios, sin ataduras escolares, bañándose en piscinas, ríos o canales...
Al atardecer, cuando la temperatura es más benévola y el viento permite el descanso del calor agobiante, salir a caminar es un disfrute; y compartir con amigos o regar el jardín de la casa, serena el corazón de la fiebre laboral.
Son generosos los frutos cosechados en los campos, como el tomate maulino, rojo, aromático y sabroso. Los viñedos son finos mantos verdes sobre la tierra fecunda y labrada. Los arbustos, flores y pastos lucen en tonos y matices vigorosos. La montaña imponente asoma regia en la cordillera, con pinceladas de nieves en las cumbres. Los lomajes y cimas que rodean a los valles, destacan en figuras que despiertan la fantasía, sobre todo, en las noches de luna llena...
Los ríos Mataquito, Maule, Claro, Lircay, Lontué, Loncomilla, y Achibueno, como el sinnúmero de torrentes y arroyos de la zona, bañan y humedecen laderas y lechos, regando las hectáreas labradas con tesón.
En la luz y el calor del verano, se hacen planes y convites familiares, hay visitas e intercambios, deseos y conquistas. La juventud tiene cierta afinidad con este tiempo estival. Hay descubrimientos de nuevos afectos: es época del primer amor, como también, de proyectos y cambios. No faltan los encuentros de compañeros y la participación en festivales o espectáculos públicos.
A orillas del mar, nuestro borde costero es privilegiado por la caprichosa geografía que posee. Hay extensas y pequeñas playas de arena blanca o negra, a cuyas espaldas se yerguen majestuosas rocas y macizos escarpados con bosques y praderas fértiles, así como variados cultivos y potreros con animales pastando. Sobrecoge llegar al litoral para respirar el aire salobre. Y admirar el brillo radiante de plata soleada en las aguas azules y las olas salvajes o calmas...