Madre, ese ser tan especial y amado

12 Mayo   356   Opinión   Sergio Rodríguez Varela
Columnista Diario El Centro
Sergio Rodríguez Varela

Consejo de Pastores

En todas las razas y lenguas del mundo, tanto en su vocabulario como en sus sentimientos, existe aquella hermosa palabra, Madre. Todo ser bien nacido sabe valorar y reconocer el sacrificio abnegado de una madre, cualquiera que sea o que haya sido la condición de ella. Cada madre, conforme a su realidad y en el transcurso de su existencia, ha debido entregar algo precioso de su vida por cumplir ese rol maravilloso que Dios le ha dado. El haberse instaurado el Día de la Madre es reconocer a quienes tienen este don precioso de ser Madre.
Es a través de ella que venimos al mundo y muchas, al hacerlo, exponen sus propias vidas con el fin de que su hijo pueda nacer. Otras, sin embargo, no han tenido la misma suerte, ya que han debido ofrendar la propia para que el ansiado ser (hijo) pueda nacer. Con razón alguien dijo que después del amor de Dios, viene el de la madre.
Madre es un ser de relevancia en cada ser humano, es tanto que en Jesús mismo se vio ese amor y preocupación. Fue Maria, su madre, quien se mantuvo a su lado, acompañándole en el martirio. No obstante, Cristo a pesar del sufrimiento y dolores del cruel martirio por los pecados de la humanidad, no le impidieron, ni le nubló el pensamiento para dejar a buen resguardo a su madre y, al hacerlo, la deja al amparo de Juan.
“Cuando vio Jesús a su madre y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: he ahí tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa” (Jn. 19:26 – 27) Con lo anterior, Jesús nos da el ejemplo del cuidado que tenemos que tener los hijos con aquel ser tan especial llamado madre.
El amor de madre por un hijo es tan grande que para ella no existe hijo malo, y aún está dispuesta a dar la vida en su defensa. Madre no solo lo es la que biológicamente lo trae a este mundo, también lo es aquella que se entrega por criar a un niño que, a pesar de no ser suyo, lo siente propio, por lo que pone toda su energía y entrega por ese hijo que decido tenerlo a su cuidado.
Las sagradas escrituras dan especial importancia a la madre. Es así como el quinto Mandamiento y el apóstol Pablo lo enfatiza, “Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” (Efesios 6:2 – 3).
Para los que aún pueden disfrutar de su compañía, den gracias a Dios por ello, mañana ya será muy tarde, ya que una lápida fría estará sobre su tumba. Es ahora en vida, cuando debes acudir a su lado, no importa si no llevas nada, más vale una palabra sincera con amor acompañada de un suave beso en su mejilla y ella se alegrará por tu gesto de amor hacia ella. Si ya no la tienes, como es en mi caso, porque Dios se la ha llevado, que el recuerdo traiga a tu memoria esos momentos lindos y hermosos que tuviste a su lado. Que con aprecio y nostalgia revive en tu mente y corazón los pasajes de tu vida, los sabios consejos, el cariño con ternura que recibiste de su mano y que hoy, como hijo agradecido, deposita sobre su tumba una flor a ese ser amado. Recuerda que una madre nunca muere: ella siempre vive en el corazón de un hijo agradecido y que con reminiscencia anhela verle y estar a su lado. En este día, que Dios bendiga a todas y a cada una de las madres. Amén.