Domingo, 22 de Abril de 2018
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Opinión

“Maestro, ¿dónde vives?” Segundo domingo del año. Juan 1, 35-42.

P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

“Estaba Juan Bautista con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: “Éste es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. Él se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: “¿Qué quieren?”. Ellos le respondieron: “Rabbí – que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?”. “Vengan y lo verán”, les dijo. Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde. Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: “Hemos encontrado al Mesías”, que traducido significa Cristo. Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: “Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas”, que traducido significa Pedro”.
Estamos muy cerca de recibir la visita del Papa Francisco a nuestro país. Cada hombre de Chile, sea creyente o no, tendrá que ver con este acontecimiento: algunos con actitud de ferviente cercanía y con la preparación para el encuentro con el Pastor de la Iglesia y, dentro de ellos, muchos que sienten simpatía porque su mensaje y sus actitudes son muy solidarias con las diversas situaciones de alegría o sufrimiento; para otros, en cambio, será con desagrado y la consabida argumentación de que Chile es un estado laico por lo que no podemos suspender actividades o interferir en el quehacer de otros muchos chilenos.
Me parece que a pesar de todo, una persona como Francisco atrae a todos hacia él. Más bien, la persona de Francisco conduce a otro. Es como el mensaje de Jesús, que tiene muy claro que su voluntad es hacer la voluntad del Padre. Siempre remite a otro. A Dios.
El Papa Francisco viene como buena noticia y creo que tiene el deber, no solo el derecho, de darlo a conocer a todos. Y todos tienen el derecho de escucharlo. Distinto será luego la respuesta que cada uno dé a la propuesta del mensaje que el Vicario de Cristo entregue.
Juan el Bautista nos enseña esa actitud de desprendimiento y de apertura a la palabra de Dios, se hace su precursor y no tiene la censura hacia el mensaje, ni la amarra para que otros se vayan detrás de él. Más bien, promueve el seguimiento. Permite que “sus” discípulos dejen de serlo y empiecen a ir detrás de Jesús ahora.
Francisco es Vicario de Cristo en la tierra, pero es también como Juan Bautista, alguien que abre la puerta para que muchos otros puedan encontrarse con él.
La palabra de Francisco, como la de Jesús, puede cambiar la vida de muchas personas. Son infinitos los testimonios de hombres, mujeres y niños que, a partir de su bendición, de su mirada, de su paso entre medio de la gente, ha dejado en ellos el deseo de ser hombre nuevo y mujer nueva.
El encuentro con Jesús, que han tenido los discípulos de Juan, les ha transformado profundamente. Ya no volverán a ser los mismos. Muchos que antes no creían en él, que tenían escepticismo, dudas, o bien completa aversión, ahora son grandes animadores, ministros, sacerdotes, religiosas y religiosos. Porque Dios actúa en base al amor, y eso es lo que trae Francisco, es lo que conoce de Dios y lo que desborda de un corazón convertido. Y el amor todo lo puede. El amor transforma las sociedades y lo hace porque primero ha llegado al corazón de hombres y mujeres del mundo.
Pidámosle al Señor que despierte en todos nosotros el deseo de seguirlo, de ir y ver donde vive para que luego seamos los mensajeros de la vida. Los peregrinos de la Paz. Que los miles de personas que irán a los lugares de encuentro con el Papa lo terminen amando como se ama a Jesús. Que en Francisco descubran su dulce rostro en la tierra.

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