Miércoles, 21 de Noviembre de 2018
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Opinión

Maíz con arroz

Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

Eso de que los chinos comen sólo arroz no pasa de ser un lugar común. Igual que decir que los latinoamericanos nos alimentamos sólo con maíz. Pero, dejando el cliché de lado, es interesante observar el acercamiento chino hacia Latinoamérica.
China hoy ocupa una posición cada vez más destacada en el mundo, y su crecimiento económico sostenido, sus avances tecnológicos y su poderío militar creciente, hacen prever que en pocos años cumplirá una función relevante con sus empresas e inversiones no sólo en Asia, sino en los demás continentes.
Según se puede vislumbrar, los objetivos chinos en su acercamiento a los latinoamericanos son múltiples y, sin duda, responden a una estrategia de mediano y largo plazo: Primero que todo, China se ha fijado objetivos comerciales. El peso chino en las balanzas comerciales latinoamericanas es gigantesco. Sea como comprador de materias primas, sea como vendedor de manufacturas o como inversionista en infraestructura. Sin embargo, China tiene otros motivos para acrecentar su relación con nosotros. Las inmensas reservas minerales y petroleras, el acceso privilegiado al atlántico a través de Panamá o Nicaragua, el potencial agroalimentario de la región y su extensa costa en el Pacífico, hacen de Latinoamérica una tierra atractiva.
Porque en la medida que Estados Unidos, y en especial su Presidente, se dedican a hacer desaires casi a todo el mundo, el gobierno chino hace todo lo contrario: se acerca cada vez más a Europa y, en particular, a nuestro subcontinente.
No obstante, estimo que por el momento China no busca una confrontación directa con Estados Unidos, ni tampoco aspira en lo inmediato a reemplazar su hegemonía mundial. Al menos así se desprende de la moderada respuesta a la ofensiva arancelaria desatada por Trump hace unas semanas. Su relación simboliza más bien la aparición de un nuevo bipolarismo, de características distintas a aquel de la Guerra Fría, dada la interdependencia comercial y económica estimulada por la globalización y los intereses entrecruzados de ambos. Pero, observando esto en una perspectiva de mayor aliento, la política de Trump, reducida al problema del déficit comercial y el abandono de los acuerdos comerciales multilaterales, pone a Washington en riesgo de entrar en una confrontación sin ser competitivo, mientras que Beijing es cada vez más competitivo sin entrar en confrontaciones.
Por eso afirmo que, en algunas décadas, el maíz se comerá con arroz.

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