Mejor sin megacontraloría

15 Mayo 2018   1054   Opinión   Abraham Santibáñez
Columnista Diario El Centro Abraham Santibáñez
Abraham Santibáñez

Secretario General Instituto de Chile

La instalación del segundo gobierno de Sebastián Piñera no ha sido fácil. Aunque se inició con un llamado a la unidad nacional, las críticas reiteradas a la obra de Michelle Bachelet han generado ácidas réplicas de la oposición. Pero lo más grave son los frontales tropiezos con la Contraloría. El organismo fiscalizador rechazó el protocolo que limitaba los alcances de la ley de interrupción del embarazo. El viaje del ministro de Hacienda a una reunión de ex alumnos de Harvard está también bajo la lupa. Previamente, el gobierno retiró el nombramiento del embajador en Argentina cuando la Contraloría anunció que se tomaría seis meses para resolver sobre la acusación de nepotismo.
Recientemente, el Presidente debió escuchar impasible la cuenta pública del Contralor que tan mal lo ha tratado. Sin embargo, Jorge Bermúdez no pidió, como se pensaba, la creación de una “megacontraloría”. Como un jugador experimentado, traspasó la responsabilidad de velar por la transparencia y la corrección a todos los organismos del Estado: “Lo que se necesita es contar con mejores capacidades humanas y técnicas… que permitan que cada entidad, incluyendo la Contraloría, forme parte de un verdadero sistema de integridad del Estado”.
Hasta ahora, toda la responsabilidad parecía recaer en el organismo contralor. Así ha sido por más de 90 años y los resultados no han sido malos, pero está claro que no es suficiente.
Paradojalmente, esta historia empezó en el primer gobierno de Carlos Ibáñez, entre 1927 y 1931. Fue una dictadura: triunfó en una elección en la que era el único candidato. Gobernó con el llamado Congreso Termal formado por parlamentarios elegidos en lista única.
Gracias a estas circunstancias pudo poner en marcha una serie de modernizaciones del Estado: Carabineros, el Código del Trabajo de 1931, LAN Chile, el Banco Central y la Contraloría. Pero su implacable estilo de gobierno terminó por pasarle la cuenta. Fue derrocado el 26 de julio de 1931 tras una serie de violentas manifestaciones de protesta de estudiantes y trabajadores.
Parte de su obra, sin embargo, se mantiene en pie. A 91 años de su creación, la Contraloría sigue siendo un organismo paradigmático
Su compleja tarea se resume en pocas palabras: “Es la entidad fiscalizadora superior de Chile, de carácter autónomo y rango constitucional, encargada de ejercer el control de legalidad de los actos de la Administración Pública, fiscalizar el ingreso y la inversión de los fondos fiscales, municipales y de los demás organismos y servicios que determinen las leyes, examinar y juzgar las cuentas de las personas que tengan a su cargo bienes fiscales y municipales, llevar la contabilidad general de la Nación y desempeñar las demás funciones encomendadas por la ley”.
Aunque nuestro país no ha escapado a la corrupción, la opinión pública tiene la impresión de que su nivel es menor al resto del continente. Transparencia Internacional, confirma esta percepción: solo Uruguay supera a Chile en esta materia.
Esto, por cierto, no es solo obra de la Contraloría, pero no se puede desconocer su vital importancia. Y es un buen síntoma que el Contralor quiera que todos compartamos la responsabilidad.