Memoria purificadora

22 Abril 2018   1380   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

En la memoria está alojado el misterio del hombre. “No alcanzo a ver lo que soy”, repite sorprendido Agustín. No hablaba de la memoria psicológica, sino del ser y estructura de la realidad personal humana. En efecto: a causa de lo vivido -y que la memoria retiene-, es posible el proyecto, anticipar y en cierto modo prever el futuro. Ahora bien ¿en qué “lugar” guardamos el pasado? Es un enigma. Pero es claro, que cuando decimos que tras el alba vendrá la luz del sol, recurrimos a las fuentes de la memoria...
La memoria ofrece un panorama fascinante de interioridad. Quien se adentra a sus “galerías”, advierte que allí se conservan los hechos, pensamientos y emociones pasadas; que la niñez ida, sigue vigente por el recuerdo. Porque la memoria permite hacer presente el pasado, recordar sucesos o vivencias.
El registro es riquísimo: sentimientos de dolor o pena que ya no existen los puedo hacer actuales, con sus mismas sensaciones, aun estando hoy con gozo y alegría. Por otra parte, según se fije la atención, puedo ir hacia varias situaciones pretéritas: edades, personas, transitar por geografías; o en lugares oír, oler, gustar lo vivido. Como también rememorar un poema, y conocimientos adquiridos. En fin, toda experiencia del hombre, según Agustín, no cae al vacío: configura su personalidad y permanece vigente.
Por eso, la figura de una persona se define por el conjunto de circunstancias que ella encara con los dotes propios: episodios de luchas, confusiones, pruebas y fracasos. Éxitos y logros. Agustín inculca el valor de hacer trasparente el pasado –con todas las vergüenzas y dolores- para ser redimidos y sanados en la verdad y dar así con las hazañas donde es patente el triunfo de la gracia y el perdón. Así despierta la alabanza y gratitud del corazón ennoblecido y libre.
Y aunque la memoria traiga un cúmulo de pesares abrumadores y patológicos a la conciencia, es la misma memoria interior la vía para encontrar las inagotables reservas de vida y esperanza. Una memoria alerta llega al “fondo sin fondo del alma”, donde resuena la voz de Aquél de quien procede toda belleza, verdad y bondad infinitas.
Nostalgia de Dios es el hombre; por eso es búsqueda inquieta y constante. Búsqueda al interior de la memoria purificadora: “He aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba. Tú estabas conmigo, mas yo no lo estaba contigo”. Según la enseñanza de Agustín, entonces, hay que permanecer vigilantes en la búsqueda, para encontrar en lo más íntimo de nuestra propia intimidad al que “está con nosotros...”.