México y Brasil ante una página en blanco

19 Noviembre 2018   1003   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

En unos pocos días, el 1 de diciembre, asumirá la presidencia de México Andrés Manuel López Obrador. Exactamente un mes después, el 1 de enero, hará lo propio el nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. Resultará particularmente interesante observar cómo los dos países más grandes de Latinoamérica cambian su conducción política de manera tan nítida y, a la vez, ideológicamente tan distinta.

En México López Obrador llegará al poder en una suerte de crónica de un triunfo anunciado. Si ya en la anterior elección se había erigido en un líder con enorme proyección, desde el inicio de la última campaña eran claras sus opciones de victoria. Es más, la débil candidatura oficialista y las pocas ganas que se pudo observar en sus contendientes señalaban, inequívocamente, que iba a ganar. Y lo hizo, llegando por fin a la presidencia en el tercero de sus intentos, pese a que sus partidarios aseguran que en 2006 el triunfo le fue arrebatado mediante múltiples casos de irregularidades y fraudes nunca suficientemente aclarados. En julio de este año, sin embargo, el pueblo le dio una victoria incuestionable al obtener más de 53% de preferencias en única vuelta.
En Brasil la situación ha sido diferente. El diputado por varios periodos, Jair Bolsonaro, se presentó a la elección presidencial 2018 por primera vez. Y si bien las encuestas le otorgaban una sólida ventaja en primera vuelta, la mayoría de los analistas coincidían en que el balotaje marcaría su derrota, por la unidad que en su contra podrían forjar los múltiples candidatos de la izquierda, apoyando al “sucedáneo” de Lula da Silva, Fernando Haddad. No obstante, y pese a la escasa cuantía de recursos, estructura partidaria y experiencia, así como a su historial de declaraciones controversiales, su campaña logró sobreponerse a la oposición del “establishment” progresista y obtener un triunfo calificado de arrollador, con más de 55% de los sufragios, dejando muy atrás al izquierdista, con sólo 44% de preferencias.
Hasta ahí, las pocas semejanzas entre ambos Mandatarios electos. Porque, a la luz de sus respectivas campañas, programas y promesas, las declaraciones posteriores a sus triunfos y la elección de quienes serán sus colaboradores, iniciarán gobiernos muy distintos. Con López, México dará un brusco y nítido viraje a la izquierda más populista y setentera. Con Bolsonaro, Brasil hará lo propio, solo que el viraje será claramente a una derecha conservadora en lo político y liberal en lo económico.
Y si López hará de su relación con Estados Unidos un enfrentamiento constante y una bandera de autoafirmación soberanista, Bolsonaro, declarado admirador de Donald Trump, hará de aquella relación su objetivo prioritario en materia exterior. En economía, por otra parte, López ya ha anunciado medidas de carácter asistencialista, estatistas y enfocadas en la superación de la pobreza, mientras que Bolsonaro ha dejado que su futuro ministro de Hacienda bosqueje decisiones de corte neoliberal, orientadas a aumentar la producción y al estímulo empresarial.
Por último, y para bien de sus países, los futuros Presidentes coinciden en su frontal lucha contra la violencia e inseguridad ciudadana, un objetivo prioritario, así como sus políticas de combate a la corrupción, una plaga enquistada en lo más profundo de las estructuras de ambas sociedades.